SIN PERDÓN

Si su hija saliera en los papeles porque un malnacido la asesinó a cualquiera le herviría la sangre y sentiría una pena tan grande como su deseo de haber hecho lo posible para evitar su muerte.

Si un hombre le quitara la vida a su hermana, a su madre o a su amiga, habría muchas preguntas que hacer, la mayoría de las cuales no tendrían respuesta. Pero sobre todo se preguntaría sobre los porqués, sobre las razones por las que, a pesar de los avisos o de la ausencia de ellos, nadie vio nada, ni dijo nada, ni siquiera usted que tanto la quería.

Si se mira a la cara a las criaturas que han quedado huérfanas, casi 200 en los últimos cinco años por culpa de la violencia machista el corazón se encoge y se dispara la rabia pensando que han sido tragedias anunciadas que no se supieron evitar.

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La violencia machista no es una canción de moda. Ni siquiera es una canción. Es un responso que se canta a las mujeres cuando se las mata por el hecho de serlo. Cuyas causas se siembran desde la niñez, con estereotipos y prejuicios en apariencia inofensivos. Que se cultivan en la adolescencia cuando se asfixia a las jóvenes con corsés estéticos y sólo se les proponen a ellos modelos masculinos duros e insensibles. Se instala en la madurez, cuando se asume tranquilamente que las mujeres están hechas de otra pasta. Una pasta diferente y de menor calidad, que les asigna menos derechos y les arrebata el privilegio básico de elegir la vida que quieren vivir. Y aunque muy pocos defiendan a gritos la íntima creencia de que las mujeres sean seres de inferior categoría, necesitados de tutela, susceptibles de control y carentes de poder, lo cierto es que muchos comportamientos responden de hecho a esa idea. Véase algunos juicios y comentarios en relación al proceso de Pamplona contra esos cinco individuos que armados de drogas y de malas intenciones fueron de caza hace tres años convencidos de su derecho a agredir a la mujer que eligieran.

La violencia machista se produce porque es necesaria. Sirve para mantener e imponer ese asimétrico status de las mujeres. Es cierto que hay más muchas más personas que la rechazan frente a quienes la ejercen. Pero a éstas las ayuda un cierto sentimiento de resignación e impotencia, a veces hasta de incredulidad, que impide compartir la urgencia de protegerlas para que sobrevivan. Y en ese limbo de apatía e indolencia, los agresores se enrocan en sus miserables razones y sienten impunes para lastimar a las mujeres.

Por eso, la actuación contundente y explícita de toda la sociedad es imprescindible para desmontar los barrotes que encarcelan a las mujeres y las dejan a merced de sus verdugos. Si las mujeres acaban en ese encierro vital es porque nadie les abrió los ojos, les hizo ver las señales y las advirtió del triste final anunciado de esa relación. Si no huyen, es porque tienen miedo, se sienten solas y a veces tienen criaturas a las que no abandonarían nunca. Un apoyo simbólico no es garantía de que superar el miedo no tendrá un precio demasiado alto. Si acaban muertas, es porque no son suficientes los procedimientos y mecanismos que deberían garantizar su supervivencia. Y ese error, es una tragedia social que no debería tener perdón.

Si no hay perdón para los agresores, tampoco lo debería haber para las complicidades pasivas ni para un sistema que no remedia con diligencia sus carencias, porque por esos agujeros se escapa la vida de las mujeres.

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SOBRE ACUERDOS NECESARIOS Y MEJORABLES.

A día de hoy, están sobre la mesa  dos acuerdos importantes que recogen medidas contra la violencia machista. Uno es el Pacto Estatal contra la violencia de género, que está en fase de consultas con CCAA , Ayuntamientos y sociedad civil, en base a las 213 medidas propuestas por la Subcomisión de Igualdad del Congreso de los Diputados tras 11 meses de trabajo y 66 comparecencias donde han sido oídas personas y entidades expertas.

El otro es el Pacto valenciano contra la violencia machista y de género suscrito el 18 de Septiembre por 63 entidades, asociaciones y responsables que abarcan desde la patronal y Sindicatos,  a los Colegios profesionales implicados, pasando por los Ayuntamientos, Cuerpos de Seguridad , asociaciones de mujeres y , es evidente, la propia Administración valenciana.

SUMATE

Son dos acuerdos de diferente índole, ya que el primero es un compromiso político que el Gobierno del Estado  piensa adoptar y el segundo, es un acuerdo social entre las diferentes agentes implicados, en el que la Administración valenciana ha actuado como elemento dinamizador aunque también ha suscrito compromisos de gran envergadura.

Habría que resaltar en primer lugar que la existencia de ambos acuerdos no es casual. Responde, entre otros factores,  a la presión en las calle de las mujeres y  de sus asociaciones que tras años de lucha sorda y constante para visualizar y conseguir complicidades sociales, dieron un paso cualitativo de gran importancia concentrando sus demandas en un Pacto de estado que integrara una serie de medidas, imprescindibles y evidentes para  interrumpir la sangrienta lista de mujeres asesinadas mes tras mes.

Por eso razón se convocaron y realizaron movilizaciones de gran alcance, como el 7N que ocupó las calles de Madrid con gente llegada de todos los puntos del Estado y que tuvo como reivindicación central el Pacto de Estado que ahora está a punto de concluirse. Otras convocatorias, como el 19J ocupando más de 150 Ayuntamientos para exigir un incremente de la dotación presupuestaria para la lucha contra la violencia de género, fueron también señal inequívoca de que las mujeres y sus asociaciones no estaban dispuestas a la resignación y la paciencia. Porque ya se había superado con creces la etapa de minutos de silencio y dolientes concentraciones y había llegado la hora de exigir soluciones, medidas operativas y consensuadas, ajenas al mercadeo político  y dotadas de consignación presupuestaria. Medidas, en resumen  que fueran capaces de dar solución y no compasión.

Ahora las mismas asociaciones y en general toda la ciudadanía que mostró su rechazo y su exigencia de soluciones, tiene un doble desafío. Por un lado, desde la responsabilidad y el compromiso  ha de conocer y evaluar ambos acuerdos para llegar a conclusiones justificadas sobre su validez y efectividad.  Esta es la razón que fundamenta la Jornada que Alerta Feminista ha organizado el 4 de Noviembre en Valencia, centrada en la explicación y valoración colectiva de ambos acuerdos.

Por otro lado,  más allá de reivindicar las mejoras que considere,  ha de mantener la presión y la fiscalización que garantice la aplicación del conjunto de medidas estipuladas.

No sería en absoluto extraño que tras el momento de gloria que supone la publicitación del Pacto, del avance que sus medidas suponen, se produjera desde los ámbitos de poder, un gran silencio, un gran vacío que diera lugar a  una interminable demora en su aplicación. Cierto es que nunca es aconsejable la precipitación y que los tiempos de la Administración son lentos y parsimoniosos. Pero también es cierto que no se luchado tanto, ni recibido tan buenas palabras como para consentir ahora que las medidas acordadas no tengan más realidad que el papel en que fueron escritas.

El Pacto Estatal ya presenta de entrada un interrogante preocupante en lo que se refiere a su financiación.  Porque si bien se presentó en sociedad, alardeando de su financiación, nada menos que mil millones de euros en 5 años, lo cierto es que en 2018, primer año de aplicación del Plan, no parece que se vayan a dar los pasos necesarios para hacer realidad dicha promesa. Siendo previsible la prórroga de los Presupuestos  del 2017 , se requeriría una modificación presupuestaria para hacerla realidad. Y no hay señales, ni movimiento en este sentido.

Por ello, y en general, como procedimiento habitual si se aspira no sólo a la denuncia sino a la transformación de una realidad incompetente y pasiva que ya resulta insoportable, hace falta un marcaje riguroso, una vigilancia extrema para que lleguen a buen término las medidas propuestas  en los plazos fijados y con los procedimientos necesarios.

Salimos a la calle el 7N en demanda de un Pacto útil y eficaz,  hartas de mentiras, de dilaciones, de promesas incumplidas. Igualmente el 19 J y también,  muchos más días en que ha habido concentraciones en multitud de localidades para leer desde la rabia y la indignación  nombres de mujeres y criaturas que ya no están. El proceso para la elaboración de estos Acuerdos ha sido largo y doloroso porque cualquier plazo es demasiado largo para ofrecer esperanza a quienes continúan sin ver que se adoptan  medidas  con las garantías suficientes  para   poner a salvo sus vidas.

No es posible pues la decepción, ni el incumplimiento.  Por eso, más que nunca y como siempre,  es necesaria la presión ciudadana de las mujeres y sus asociaciones. Más que nunca hay que apostar por la vida. Por una vida digna  para todas las mujeres. Porque no hemos nacido mujeres para que nos maten por serlo.

PACTOS FIRMADOS PARA CUMPLIRLOS

En el pasado Pleno el Ayuntamiento de Xàtiva, como pasará en otros muchos sitios, suscribió el Pacto valenciano contra la violencia machista. Vaya por delante que no lo aprobó, como se tituló la noticia, sino que lo suscribió, porque aprobado ya está por la plana mayor del poder político, los agentes sociales, entidades y plataformas, Universidades, colegios profesionales, ONGs, Fuerzas de seguridad y así hasta sumar 63 actores y actrices participantes en la elaboración de este pacto. De lo que se trata ahora es de adherirse desde la responsabilidad, como obligación libremente asumida haciendo propios los compromisos y medidas que allí se plantean

El pacto valenciano es un acuerdo, un pacto social promovido desde el gobierno valenciano, que pretende que cada cual ponga su grano o su saco de arena, según proceda, para contribuir a aislar y destruir el machismo.

Su valor radica en que ha sido consensuado con todas las partes que de alguna forma intervienen en el proceso de prevención, detección, atención y protección de las mujeres víctimas de violencia de género, o que tienen un papel esencial en su supervivencia facilitando medios y recursos. Su riesgo es el incumplimiento, realidad tristemente habitual de este tipo de acuerdos, pasado su momento de gloria mediática.

El Ayuntamiento de Xàtiva por unanimidad suscribió dicho pacto. Y hay que celebrarlo, pues sería intolerable la desvinculación de una apuesta social compartida de esta envergadura. Sin embargo, suscribir declaraciones o manifiestos de condena contra la violencia de género, siendo acción muy necesaria por lo que tiene de enviar un mensaje nítido y sin fisuras a la sociedad, ha demostrado también su inutilidad para frenar, por si misma, la violencia machista.  Ilustración. Una mano firmando un contrato. Contratación. Trabajo.

Se requiere pues, un paso más allá que consiste en el desarrollo y aplicación de las medidas contenidas en el pacto. En este caso de las que competen a los Ayuntamientos que son 27, lo que supone más de un 9 % del total del pacto.

Entre ellas, algunas ya están en marcha en Xàtiva, lo que constata el interés y sensibilidad del actual Gobierno de la ciudad. Otras, ciertamente están formuladas con cierto grado de ambigüedad, lo que exige un esfuerzo suplementario para concretar su aplicación. Pero también hay otras cuyo cumplimiento requiere con claridad meridiana una acción concreta que implica la creación o modificación de normativas y procedimientos.

Así sucede, por ejemplo, con la medida que obliga a reservar para las mujeres un 30% de plazas en las oposiciones a Policía local. O la que insta a tomar medidas que garanticen el anonimato en los padrones municipales de las mujeres y sus criaturas para evitar su localización. No admite dudas la medida que plantea la bonificación del 100 % del IBI de la parte de la vivienda que sea propiedad de las mujeres víctimas de violencia si comparte su posesión con el agresor. O la que prevee bonificaciones totales o parciales en el acceso al ocio educativo y deportivo de las mujeres y sus criaturas, como XATEBA ha reclamado en sus alegaciones a las ordenanzas fiscales.

También es clara la medida que insta a los municipios a analizar sus recursos y procesos de intervención para detectar fortalezas y debilidades, que viene a ser el antecedente a dotarse de un Plan Integral contra la violencia, del que Xàtiva todavía carece. El Pacto también afectará áreas tan sensibles como la del presupuesto, que deberá ser blindado y aumentado,

Son medidas contra la violencia machista que incrementan considerablemente la efectividad de las concentraciones y minutos de silencio habituales. Para determinarlas se ha buscado el necesario consenso social. Ahora solo hace falta que salten del papel a la realidad.

NIÑAS AL PODER

Esta pasada semana se celebró el día de la Niña auspiciado por la ONU con el objetivo de reconocer los derechos de las niñas y los problemas excepcionales que las niñas confrontan en todo el mundo.NIÑAS2

Antes de alguno se soliviante y reclame indignado el Día del Niño, del Viejo, del Adolescente y del recién nacido, vendría bien recordar algunos de esos problemas excepcionales que las niñas del mundo tienen que enfrentar.

Según la OMS, que no tienen nada de partidista ni feminista, 1/3 de todas las niñas del mundo afirma que su primera relación sexual fue una violación y a día de hoy, 7’5 millones de mujeres de todo el mundo son casadas cada año contra su voluntad. Por eso y no por otra razón a día de hay cerca de 700 millones de mujeres están casadas con quien no eligieron sin posibilidad alguna de escapar de una condena que no han hecho nada por merecer.

Dice la ONU que cada 10 minutos, en alguna parte del mundo, que no es obligatoriamente el Tercer Mundo, ni los países subdesarrollados, una adolescente pierde la vida a causa de la violencia sexual (violaciones, trafico y esclavitud sexual, secuestros). Porque esas cosas no pasan en las películas, para lucimiento del superman de turno, sino que suceden en la vida real, donde superman no existe y las historias son tan duras y crueles que la ficción no llega nunca a retratarlas en toda su dimensión.

Por su parte, ONU MUJERES, que sí que es una agencia gubernamental especializada en investigar y analizar de la situación de las mujeres, afirma que 2600 millones de mujeres y niñas viven en países donde la violación en el matrimonio NO esta penalizada. De hecho, solo conlleva castigo expreso en 52 países de todo el mundo así que en los restantes, las mujeres tienen que aceptar la amarga experiencia, que en nuestra bendita sociedad nos parece repugnante y absolutamente inadmisible, como una posibilidad que forma parte de su identidad de mujer

Por último no se puede dejar de señalar que hay 133 millones de niñas en 29 países de Africa y Oriente Medio que han sido sometidas a la mutilación genital femenina. Una “operación” que no tiene nada de cirugía ni de protección de la salud, sino que es una forma de agresión, especialmente cruel y dolorosa, que se practica a las mujeres y que hace peligrar su vida, causa graves secuelas y se hace con el único fin de prepararlas para que puedan ser elegidas por los hombres.

Son muchas cifras y muchos millones, si. Es un bosque tan grande, que quienes estamos ubicados en una cómoda sombra no somos capaces de imaginarlo. Pero son personas, todas ellas son personas que nacieron con derechos que se les niegan metódicamente.

Nosotros conocemos a niñas, que despiertan cada día entre algodones, Que son queridas, atendidas, cuidadas. A las que educamos para que ocupen en la vida el lugar que deseen. A las que intentamos librar de peligros y amenazas. Nuestras niñas nacen en un lugar infinitamente menos cruel que el que existe en otros lugares del mundo. Es cierto.

Pero , no obstante, también ellas tienen pruebas que superar. Y lo importante no es que vistan de rosa o con falda, que también, sino que esta sociedad desarrollada donde en teoría se vive en igualdad no les haga trampas para que pierdan la partida de su vida.

Porque podría pasar que de tanto repetírselo, entendieran que necesitan ser lindas y guapas para progresar y se convirtieran en esclavas de su imagen. Podría ser que aprendieran que son seres incompletos que necesitan de un ser masculino que las complete y de sentido a sus vidas. Y que se queden esperándolo hasta la eternidad.

Podría suceder que no encuentren ayuda, apoyo o medios para ser aquello que quieren ser. Y que tengan que sacrificar su vocación y olvidar sus talentos para poder ocuparse en aquello que realmente quieren. No sería raro que encontraran un trabajo donde sus compañeros varones cobraran mejor salario por el mismo trabajo. O donde han de someterse a rangos y jerarquías que siempre les pasan por encima. Pudiera ser que les tocara vivir reventadas por la obligación de sacar adelante sus familias y mantener su estatus laboral. También podría pasar que las agredieran sexualmente o que las acosara un jefe baboso en su lugar de trabajo. Pasa muy a menudo, aunque se dice poco.

En fin, en su inmensa mayoría nuestras niñas no serán obligadas a casarse con un desconocido, ni mutiladas genitalmente, ni deberán prostituirse o serán objeto de trata como si fueran animales. No pasará eso, es verdad y nos alegramos por ello. Pero con todo, habrán de afrontar miserias y amenazas que deberán superar, por ser niñas, por ser mujeres.

De ahí el Día de la Niña, cuya celebración por estos motivos, ojalá algún día deje de tener sentido

ELLAS ESTÁN AHÍ

lupa3Xàtiva, ciudad culta, amante de la literatura. Xàtiva, ciudad organizadora de certámenes literarios  de reconocido  prestigio. Xàtiva, ciudad  que no encuentra para formar parte de los eminentes jurados que librarán  importantes premios, a mujeres con la suficiente talla cultural o artística,  como para evitar que el listado de integrantes sea absolutamente monocolor, absolutamente masculino. No sólo sucede con la literatura. También con otras actividades, culturales y artísticas, donde suele ser un ejercicio decepcionante comprobar que nunca, y nunca es nunca, aparecen mujeres formando parte de los órganos encargados de la valoración, como si no existieran, como si no estuvieran cualificadas, como si su opinión no tuviera ningún valor.

A la hora de designar personalidades de reconocido prestigio del ámbito local que aporten con su rigor y cualidades, seriedad y transparencia a cualquier evento es enormemente llamativo, y si me permiten, algo insultante, que las mujeres nunca sean reclamadas, jamás designadas por ese dedo que parece  algo despistado, por no decir,  misógino.  Parece mentira, y lo es, que en una ciudad donde el 52% de la población es del sexo femenino, no haya, como hay entre los hombres, mujeres con suficiente nivel  en cualquiera de las áreas a valorar,  como para  ser objeto de este tipo de honores y consideraciones.

Más teniendo en cuenta que en la vida cultural de esta ciudad  las mujeres son un activo motor que impulsa, organiza, celebra y protagoniza multitud de encuentros e iniciativas.  Están ahí, quizás sin ocupar en el escaparate social el puesto que deberían,  por causas, de las que sin duda alguna, no son ellas responsables.

 

Están ahí y solo hay que hacer el esfuerzo de verlas, de ponerles nombres y apellidos, de reconocer sus méritos , de no permitir que sus talentos sean enmascarados , oscurecidos por los de los varones que sin duda, son también expertos acreditados cuya valía nadie puede discutir.

Están ahí, pero si no estuvieran, habría que poner los medios para que estuvieran porque una sociedad, una ciudad que no extrae todas las capacidades y posibilidades de la mitad de su población está haciendo un ejercicio de miopía que sin duda irá en su contra.

Apostar por la igualdad es algo más que sentidas declaraciones y actos simbólicos. Es cambiar la realidad, transformarla, introducir cambios reales y visibles, contantes y sonantes. En todas las áreas municipales. Sin excepción. Implica por ejemplo, que las ordenanzas fiscales del próximo año, en fase de exposición pública, pendientes de las alegaciones que puedan ser presentadas, incluyan entre quienes se benefician de exenciones y bonificaciones en el uso de instalaciones públicas a las mujeres especialmente vulnerables y necesitadas de protección, como son las víctimas de violencia machista.

El movimiento se demuestra andando. De los dichos a los hechos, a veces va un trecho tan grande que mientras se recorre, se pierde la memoria  y se cuelan urgencias y prioridades  que hacen olvidar  con enorme facilidad compromisos y promesas.

A las mujeres les pasa siempre. Siempre son las primeras sacrificadas en las crisis, las últimas en ver reconocido  su esfuerzo. Cuando reclaman, siempre reciben más mordiscos de los habituales, cuando callan son ignoradas sin ningún  sentimiento de culpa. Cuando triunfan, su éxito es menos brillante, cuando fracasan, a todos les parecía previsible. Su excelencia siempre es cuestionada y aprenden bien pronto que han de trabajar siempre  el doble para conseguir, muchas veces,  la mitad

Ya es hora de que las cosas cambien. Desde los pequeños detalles a los actos más revolucionarios. Empezando por buscarlas para que, en pie de igualdad, formen parte de quienes juzgan y puedan dejar así de ser juzgadas.

EL DOMINGO PASADO

Es fácil recordar lo que pasó el pasado Domingo. Cualquier persona a la que se preguntar tendría una respuesta fácil. Imposible olvidar escenas que a la mayoría nos gustaría no haber visto nunca.

Imágenes, muchas imágenes. Impresionantes, clarificadoras, desgarradoras, indignantes. Repetidas, mudas, pero insufriblemente descriptivas. Y muy violentas. Insoportablemente violentas. Causantes de enorme rabia, como siempre pasa cuando ves a los fuertes y poderosos avasallando a los más débiles y vulnerables.

Domingo de declaraciones a miles, de tertulias televisivas maratonianas y telediarios casi monotemáticos. Y opiniones, miles y miles de opiniones transmitidas por todos los medios, de todos los colores y calidades. Las redes hervían, se superaban a sí mismas, recogiendo juicios, advertencias, predicciones, condenas, análisis. Todo el mundo tenía algo que decir o sentía que tenía que decir algo. Opiniones inteligentes, pero también interesadas. Objetivas o sectarias. Sinceras o por encargo. Aburridas o innovadoras. Opiniones y juicios inacabables e incansables, en una pugna feroz por captar adeptos, por destacar y ser la más seguida, la más repetida, la más oída.

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Y no sólo hubo un estallido múltiple de opiniones. También hubo tiempo y espacios para quejas y lamentos, para reclamar, para dolerse o para alegrarse. Tiempo de emociones y estados de ánimos: los alegres y optimistas que veían el vaso medio lleno y la faena casi hecha. Quienes lo veían todo negro, negrísimo y querían bajarse en marcha de un país que no comprenden. Quienes sentían rabia asesina, porque sentían en propia carne la humillación y la violencia que se hacía sufrir a otros. Los del miedo, ese que paraliza y enmudece; los que no quieren saber, ni entender, ni mucho menos tomar posición porque no quieren arriesgar status o alianzas, aunque tengan que sacrificar su conciencia. Los cínicos que directamente no tienen conciencia y todo les da igual, por lo menos, en la medida en que no les afecte. Los sabios que saben exactamente lo que hay que hacer, y se desesperan porque no consiguen ganarse la autoridad que creen tener…

Todo eso pasó el pasado Domingo. Durante mucho tiempo se hablará de él. Y de las cosas que pasarán después. Hay que estar preparadas.

Por eso, se explica que no se hablara y casi nadie sepa, que ese mismo Domingo mataron a una mujer a cuchilladas en Madrid y a otra en Barcelona. El asesino de esta última mató también a un bebé de 11 meses y después se suicidó.

Son más víctimas de una lista interminable. No tienen ni nombre. Han muerto. Las han matado. Es una pena, una desgracia. Pero además tuvieron mala suerte con el día que les tocó morir, si es que hay alguno bueno. Pero este era el peor. La gente estaba en otras cosas. Hay incluso quien se molesta si insistes en recordarlas.

Y por eso, ellas mueren dos veces. La real, cuando se comete el asesinato y dejan de existir porque un hombre así lo decide y se salta todas las leyes, todos los derechos, sin contemplaciones. Y la social, cuando son olvidadas y su recuerdo se borra de todas las memorias, perdida definitivamente su identidad.

Duele ver como prostituyen la democracia, como se pisotean las libertades y se impone la ley del más fuerte. Indigna justamente ver como se manipula, se mangonean legítimos sentimientos y se apropian indebidamente de aspiraciones permanentes de pueblos que son y se sienten oprimidos.

Pero además, sin ánimo de confrontación, ni de comparar dos tragedias que no son de categorías comparables, no deberíamos permitir que los grandes desastres nos hagan perder de vista las grandes catástrofes que acaban con la vida de las mujeres.

LAS DE TODA LA VIDA

pequeño comercio

Es un hecho constatado el esfuerzo realizado por el Ayuntamiento y su Concejalía de Promoción económica para dinamizar la economía de la ciudad impulsando la no siempre cómoda participación de las asociaciones del empresariado y comerciantes y promoviendo ofertas formativas y eventos como los Outlets que esta pasada semana ocupaba la Alameda. Quizás valga la pena detenerse, sin embargo, sólo un minuto, en reconocer la labor de otro tipo de negocio, de empresariado que no suele obtener ningún tipo de protagonismo en estas campañas , sin duda muy necesarias para fortalecer uno de los elementos esenciales de la economía de una ciudad de servicios como es Xàtiva.

Pero igual que Teruel también existen, los pequeños, los muy pequeños, comercios. Esos de toda la vida, que se ubican en calles y plazas de barrios donde los especialistas dicen que no hay negocio y por tanto son ignorados por las grandes cadenas. Esos que están en los barrios histórico o viejos según se mire, en las calles estrechas donde no se compra con coche, sino que se arrastran los carritos de la compra, -qué buen invento para las mujeres-, a pesar de las aceras raquíticas o los grandes escalones.

Son las pequeñas tiendas, las de toda la vida, que carecen de escaparate y a veces hasta de nombre, porque son la tienda de Pepita, o la de la esquina, o simplemente la del barrio porque es la única que resiste.

Tiendas oscuras, pero limpias. Carnicerías diminutas pero relucientes. Peluquerías de un solo secador. Fruterías con básculas del siglo pasado. Esas tiendas donde la clientela tiene nombre y apellido, y se conocen las anteriores y venideras generaciones. Donde siempre hay un rato para la cháchara y por eso, si caben, hay un par de sillas para que la gente, las mujeres que suelen ser mayores, descansen antes, durante y un ratito después de comprar.

Tiendas que son negocios, pero sólo técnicamente, porque sus beneficios son de risa y solo sirven para sustentar una existencia modesta y sin grandes aspiraciones económicas. Tiendas además que durante la época más dura de la crisis, en aquel momento en que muchas neveras se quedaron vacías de forma casi permanente y muchos niños almorzaban

pan con pan, fueron fundamentales para evitar situaciones verdaderamente dolientes.

Porque son tiendas modestas pero solidarias. Y muchas de ellas supieron comprender el tiempo que vivían y el papel que se exigía de ellas y actuaron con criterios poco comerciales pero muy humanos y generosos. Y fiaron dinero a quien necesitaba un respiro, que luego casi siempre recuperaron. Y adelantaron alimentos a quienes no se lo pedían, por vergüenza, sin hacer sufrir ni un milímetro a la dignidad de la persona.

Gracias a ellas, muchas personas superaron los meses más negros de un período que ahora nos dicen que terminó aunque en el camino se ha dejado mucha gente y mucho sufrimiento

En ellas se escucharon muchas confesiones, muchas pequeñas tragedias que se cuentan en voz baja, sin aspavientos ni altavoces, pero que reflejan el dolor que ahora parece que fue imaginario.

Ahora que salimos de la crisis, que dicen que volvemos a los tiempos de las vacas gordas, de la abundancia quizás alguien tendría que hablar por ellas, para reconocer su valor y su función y también, porqué no , para reivindicar que sean protegidas frente a la implacable invasión de las grandes cadenas y marcas contra las que les es imposible competir.

Cada vez que una de estas pequeñas tiendas baja la persiana para no subirla, el barrio queda más despoblado, más desprotegido… Muchas familias sentirán su ausencia y se replantearán vivir en un sitio tan abandonado y carente de servicios. Y se tomarán decisiones que afectarán mucho más que a los dueños que cerraron su pequeño negocio porque ya no podían aguantarlo más, o simplemente porque se hicieron tan mayores que decidieron que ya era hora de entender la vida como algo más que un trabajo.

Tiendas pequeñas, pequeño comercio. Pero grandes empresas humanas absolutamente necesarias en una ciudad que cuida a su gente y sabe que cosas son las que realmente importan en la vida