LAS QUE NO VOLVERÁN

No una, ni dos, ni tres. Sólo desde Julio, hay hasta 16 mujeres más, según las cifras oficiales, y 4 más que no entran en el conteo de la Administración pero también fueron asesinadas por su condición de mujeres, que no volverán tras las vacaciones a sus ocupaciones habituales. Dos criaturas también se quedaron en el camino.

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Es cansino, aburrido, amargo tener que reincidir tanto en el mismo tema. Se ha dicho, escrito, cantado y monologado todo lo que hacia falta decir. Sobran las palabras. Faltan los hechos

Porque conocemos las causas y la envergadura del monstruo. Sin leer manuales, ni guías, sabemos que hay hombres que matan a las mujeres porque son unos cafres que creen estar en su derecho de estrangularlas, tirarlas por el balcón o acuchillarlas. Que las matan porque no saben y no aprenden, ni a las buenas ni a las malas, lo que es la libertad, y el derecho a la vida. Porque se sienten autorizados. Lo hacen porque pueden, porque ellos son los putos amos, y ellas las sirvientas.

Ya está bien. De campañas mediáticas, de lacitos, de silencios….Ya sobran complicados procedimientos, normativas, pactos y otros compromisos que no pasan del papel a la realidad y si lo hacen, es de forma tan lenta, tan escalonada, tan difusa que sus efectos son casi nulos.

Basta de hablar de educación en las aulas y no garantizar que el profesorado tenga la formación necesaria para poder impartirla. De esperar que por ciencia infusa, hayan de promover valores y desmontar prejuicios, afrontando una responsabilidad descomunal sin haber recibido ningún tipo de formación ni ideológica, ni pedagógica. Cuando no saben ni lo que tienen que enseñar, ni cómo hacerlo. Y además casi, sin tiempo en la jornada escolar destinado a tal fin.

Ya está bien de pedir denuncias a las mujeres como quien pide aplausos, sin dar garantías de protección y de subsistencia. Sin preparar y formar debidamente a quienes serán responsables de su seguridad y tendrán el poder de decidir sobre sus vidas. Sin exigir responsabilidades por equivocaciones que podrían haberse evitado. Sin poner el foco sobre el delincuente y no sobre la víctima, penalizando a éste con traslados y seguimientos y no a ellas, que lo único que quieren es que las dejen vivir en paz.

Ya nos vale de asistir a concentraciones, ponernos lazos, y aguantar los chistes machistas y repugnantes en la barra del bar, o admitir condenas a mujeres sólo porque lo son, y no por los errores que puedan cometer. De oir canciones que mandan mensajes repugnantes o comprar prensa con titulares que dan ganas de vomitar. De tolerar opinadores y tertulianas que intentan hacer negocio y no justicia con el último asesinato de una mujer. Ya no toca asombrarse ante el último anuncio publicitario que utiliza a la mujer como un trozo de carne, sin derechos ni sentimientos, a disposición de quien lo pueda comprar porque lo que procede es declarar un boicot inexorable a la firma que se atreva a alimentar el monstruo de la violencia.

Ya es hora de actuar y dejar de resignarse ante un fracaso crónico que endurece conciencias y nos hace cada día un poco más inhumanos.

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EL RETORNO

Iniciado el mes de Septiembre hay  temas  de tratamiento obligatorio en la actualidad informativa, aunque sea en lugar secundario,  por lo menos hasta que recupere su tono habitual  la accidentada vida política y social a la que estamos acostumbrados.

Uno es el fin de las vacaciones, asunto sobre el que debería decaer la atención teniendo en cuenta que en este país, un 34% de las familias no se toma ni una mísera semana de vacaciones. Las vacaciones, en muchos casos, son un mito, un espejismo, porque quien percibe menos de 8000 euros anuales, bastante tiene con sobrevivir los 365 días del año. Y así vive el 25% de habitantes que toma el sol, sí, mientras que no le cueste dinero. Cierto es que, dado que siempre ha habido una cultura vacacional, se hace de la necesidad, virtud y  se utiliza esa ancestral táctica, entre el cariño y el abuso, que consiste en volver al pueblo o instalarse en domicilios familiares ajenos, donde se vive con las mismas estrecheces pero con un cambio de escenario que alimenta la fantasía vacacional a la que todo el mundo tiene derecho.VUELTA1

El otro tema obligado, va a ser sin duda el de la vuelta al cole. Un asunto al que casi todas las grandes marcas comerciales quieren brindar su nada desinteresada ayuda con promociones y campañas que convierten el retorno en un saqueo de las cuentas familiares.

Cuando algunos grandes almacenes se apropiaron desde sus departamentos de Publicidad de un hecho tan habitual y doméstico como la Vuelta al Cole, sabían lo que hacían. Lo convirtieron en una especie de festejo social que acaba exigiendo una inversión similar a la de bodas, bautizos y comuniones, quizá no en cuantía, pero sí en cuanto a la obligatoriedad de pasar por caja.

Jugaban con ventaja porque sabían que tras el desalojo de los centros escolares en Junio,  la vuelta del alumnado estaba garantizada, mientras que a la gente adulta que nunca se ha ido de sus trabajos porque no los tiene, ni de vacaciones porque no puede pagárselas, era más difícil convencerles de que había algo que celebrar.

Vuelta al cole, pero siempre, por supuesto, desde la óptica del consumo puro y duro, es decir, de fomentar la adquisición de multitud de artículos y accesorios que las criaturas han de llevar, flamantes, en su primer día de escuela como si su autoestima y sensación de seguridad tuviera que fundamentarse en el precio de sus gomas de borrar.

Hablamos,  no de libros de textos, asignatura felizmente superada, por lo menos en esta Comunidad, Andalucía y Navarra, sino de esa infinidad de artilugios y accesorios que las criaturas deben llevar en su primer día de clase. Sacapuntas, cuadernos, mochilas, lápices, rotuladores, reglas, calculadoras, estuches…Todo ello convenientemente decorado, según el sexo de las criaturas destinatarias cuya capacidad de elección queda derogada porque a las niñas les toca Frozen y a los críos Spiderman.

Aquello de huir de los estereotipos y apostar por educar personas sin imponerles   colores, ni, por derivación, lugares más o menos preferentes en el mundo, queda así en el rincón del olvido. Y se pierde, además,  una buena oportunidad de ahondar en otros de esos principios que compartimos en la teoría y machacamos en la práctica. Ese que se refiere a aquello del reciclaje, del reaprovechamiento, del consumo sostenible…

Pero nadie está por la labor de hacer comprender a las criaturas que esa mochila que costó una pasta hace pocos meses es perfectamente apta para su reutilización. Ni de aclarar que colores hay muchos, pero no significan nada y pueden elegir el que más les guste.

ESCLAVAS

Esclavas son quienes trabajan a cambio de nada o de muy poco. Se supone que ya no hay. Es creencia generalizada que la Humanidad ha ido progresando y superando realidades que hoy consideramos vergonzosas y degradantes.

Banksys Maid. Camden North London.Pero a nadie choca y esta perfectamente normalizado que en nuestras casas entren mujeres que sustituyen a las que allí viven cuando salen cada mañana a defender su puesto laboral con uñas y dientes, dado lo difícil que ha sido en mucho casos conseguirlo y lo complicado que es mantenerlo.  Hoy son residuales las mujeres que entienden que su supervivencia debe correr a cargo de persona ajena que las mantenga.

Sin embargo queda oculto el hecho de que su derecho a trabajar se sustenta en  que otras mujeres entren en sus casas para hacerse cargo del rol que les sigue siendo adjudicado casi en exclusiva: el  cuidado de menores y dependientes y las tareas domésticas en general. La corresponsabilidad sigue siendo, excepto honrosas excepciones, un concepto bastante teórico pero atender debidamente a las criaturas menores de 3 años es una responsabilidad ineludible. Y solo el 8  % de ellas tienen plaza pública en escuela infantil.

Las esclavas del siglo XXI  no son  un colectivo minoritario. Hay cerca de 700.000 en todo el Estado, el 80% de ellas de otras nacionalidades. Aunque sólo 420.000 están dadas de alta en la Seguridad Social, a pesar de que es obligatorio desde 2012.   Su salario cuando trabajan a tiempo completo es hasta el 40% menor que el de cualquier otro trabajador, lo que no es una brecha salarial sino un precipicio,  aunque, ciertamente,  la mayoría de ellas trabajan a tiempo parcial. Son esclavas porque su salario es indigno y la regulación de sus condiciones de trabajo inexistentes. Nadie ha establecido sus horarios, sus vacaciones, sus descansos. No  tienen derecho a la prestación por desempleo. Cuando se jubilan sus pensiones son todavía más ridículas que las del resto: 520 euros/mes

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) suscribió en 2011 un Convenio, el 189,  que es un acuerdo de mínimos, reconociendo que el trabajo doméstico sigue siendo infravalorado e invisible, realizado principalmente por mujeres, muchas de las cuales son migrantes o forman parte de comunidades desfavorecidas, por lo que son más vulnerables a la discriminación con respecto a las condiciones de trabajo, así como a abusos de sus derechos humanos. Todos los países debían suscribirlo y llevar adelante las medidas que les garantizaran  dignidad y respeto en todos los países. Diecisiete ya lo han hecho,  pero el gobierno español del PP pidió prórroga. Y se la dieron, porque se comprometió a que en 2018, asumiría el Convenio con todas sus consecuencias. Pero al mentiroso como al cojo se le pilla siempre, y llegada la fecha, el Partido Popular, introdujo en los Presupuestos Generales del Estado una enmienda ,la 667, que pide más prórroga, en concreto 4 años más,  hasta el 2023, para reconocer unos derechos indiscutibles y mejorar una realidad laboral francamente insoportable.

Esa enmienda ha de ser derogada . Todas las personas decentes han de empeñarse en ello asumiendo su responsabilidad colectiva.  Porque hasta que las Empleadas de Hogar (ciertamente siempre en femenino,  porque mujeres son el 99 por cien de ellas), al igual que las Kellys o las trabajadoras de la fresa,  no obtengan un estatus de dignidad profesional equivalente al del resto de la clase trabajadora,  se está autorizando una realidad inmoral y escandalosa que comulga mal con las proclamas del 8 de Marzo más feminista de nuestra historia y la avalancha de épicas declaraciones a favor de la igualdad. No nos hagan poesía. Reconozcan nuestros derechos.

EL ARMARIO

Quienes se escondían en el armario, no era por gusto, sino muy a disgusto. El armario es un sitio pequeño y oscuro y muy, muy solitario. Pero cuando dentro, la persona se encuentra segura y protegida y no se siente amenazada ni perseguida, se convierte en un triste lugar, ciertamente, pero infinitamente mejor que la intemperie.

En este país, salir del armario ha significado  durante mucho tiempo, afrontar una vida de segunda, llena de prejuicios, soportando la ignorancia, la maledicencia, la mezquindad y la crueldad de una sociedad que asfixiaba hasta la muerte a quien se atreviera a ser diferente y mostrarlo  sin complejos y sin vergüenza, que es algo impropio de quien no tiene nada que esconder.

Ser, o mejor dicho, reconocer públicamente la condición de gay, lesbiana, transexual o cualquier otra identidad que no fuera la heterosexual, era comprar un billete seguro hacia la exclusión y el señalamiento social. Sólo había un modelo aceptable y aceptado, y todo lo demás significaba sufrir la condena colectiva, eterna y sin posibilidad de redención, que te colocaba fuera del mundo merecedor de respeto y consideración.

Quienes piensen que es exageración, sobre todo generaciones jóvenes con escasa información o generaciones más veteranas de escasa memoria, deberían saber o recordar,  que lo que hoy  se acepta con  mayoritaria y afortunada normalidad  fue causa, hasta hace escasos años, de mucho dolor y sufrimiento. Muchas  personas, mujeres y hombres, debieron negar y renegar de su orientación sexual hasta la propia autodestrucción, antes de correr el riesgo de ser quemados en la hoguera del puritanismo hipócrita y cruel.

En otros países,  no hay que engañarse era y es todavía más arriesgado porque allí la condición sexual puede ser causa de durísimo castigo o, incluso de muerte. Hasta en 79 países es delito la relación sexual entre personas del mismo sexo, siendo en siete de ellos  motivo de pena de muerte.

Pero en sociedades que se decían civilizadas y respetuosas con los derechos de las personas, pero que lo hacían con la boca pequeña y mentirosa de quien dice lo que no piensa, también las personas  diferentes sufrían un castigo tácito y encubierto que las despojaba de su dignidad y de su autoestima. Y lo hacía de forma especialmente cruel y mezquina desde la ridiculización y el estereotipo más negativo, que convertía en depravación y vicio ajeno, lo que no era más que la propia mirada, sucia e indecente.

El 28 de Junio se celebra el Día del Orgullo Gay, más necesario que nunca para limpiar tanta suciedad acumulada en el cerebro de los que más puros de corazón se consideran.

En Rusia aprueban leyes que prohíben “la propaganda de las relaciones sexuales no tradicionales” que en la práctica suponen que los homosexuales no pueden organizar actos ni protestas en público, ni tampoco utilizar los medios de comunicación. En Hungría recientemente, prohibieron el musical Billy Elliot por inducir a la homosexualidad, una extraña decisión casi imposible de entender por un ser humano normal. En Valencia, hace pocos días dos mujeres fueron insultadas por hacer visible su orientación sexual. Parece que la asignatura  no está aprobada y el progreso es insuficiente.

Quizás el Día del Orgullo sea, con el tiempo, la ocasión de mostrar orgullo por formar parte de una sociedad a la que sea indiferente el sexo de las personas que se aman.

EL DILEMA

El cambio climático anunciado por el mundo de la ciencia desde hace ya muchos años, y negado con la misma insistencia por algunos políticos ignorantes y atrevidos, es ya una realidad que podemos percibir en cada inundación, en cada tornado, en cada fenómeno climático que nos deja boquiabiertos ante su potencia y su capacidad destructiva. PLASTICOS 1

El cambio climático nos acabará destruyendo a todos. No hace falta ser Nostradamus   para hacer la predicción. Destruirá a los que creen en él y se movilizan para impedirlo y a quienes en un ejercicio intolerable de egoísmo e insolidaridad, predican aquello del sálvese quien pueda, o peor aún consideran que no les afecta el asunto porque cuando se produzca el desastre anunciado, ellos estarán criando malvas.

Así  piensan algunos de la tercera edad, porque la acumulación de años no siempre hace más sabias y generosas a las personas. Pero también lo piensa parte de la gente joven, que es incapaz de interesarse por nada que no le afecte de forma individual, porque lo colectivo les resbala y presumen de su escepticismo como si eso fuera virtud en lugar de cobardía y estupidez. Y también hay adultos, ni jóvenes ni viejos, que se dedican a sobrevivir en el día a día que a veces se les presenta muy duro, trabajando, afrontando y resolviendo problemas, construyendo una existencia sin darse cuenta de que todo eso son edificios construidos en una bola, en un planeta,  que rueda hacia el desastre.

No nos pongamos apocalípticos. Que para eso ya hay películas la mar de descriptivas y angustiosas. También hay pasos en la dirección correcta  como los dados por el Parlamento de Navarra, o se proponen por la Comisión europea.

Si uno lo piensa, es un placer ver aumentar en las ciudades el número de personas que utilizan medios de transporte alternativos en lugar de coger el coche para ir al kiosco de la  esquina. Da un poco de susto ver la proliferación de  patinetes, tablas y otros inventos con los que la gente se desplaza de forma rápida y nada contaminante, aunque generando a veces cierto peligro para la integridad física del resto de peatones que ocupan la calle. Pero ciertamente son un avance indicativo de la colaboración necesaria en un esfuerzo colectivo , grande y permanente, que  será el único capaz de frenar la degradación de este planeta que nos acoge y que estamos demostrando que somos muy capaces de destruir.

Es también una medida acertada la restricción del uso del plástico por lo que tiene de contaminante de efecto permanente. El 90% de las bolsas de plástico se usan una sola vez, durante un período de entre 12 y 25 minutos como máximo y luego tardan más de 100 en descomponerse. Cualquiera se estremece cuando le dicen que cada segundo llegan al mar 200 kilos de plástico. Queda la pregunta de si hacernos pagar por las dichosas bolsas causará el suficiente disuasorio para abandonar su uso. Pagamos por ellas un precio ridículo desde el 1 de Julio aunque habrá que esperar al 2021 para su prohibición total.

España es el segundo país, detrás de Turquía, que más plástico está vertiendo en el Mediterráneo, ese que nos enamora, que cantó Serrat y que estamos convirtiendo en un vertedero asqueroso de toallitas. Quizás sea ahora de ponerse en serio a hacer los deberes, asumiendo que no hay nave espacial ni héroe forzudo que nos salve del desastre, si todas y cada una de nosotras, las personas, no entendemos que nos estamos jugando  nuestro presente y nuestro futuro, por unos hábitos y costumbres que no nos podemos permitir. No hay margen. No queda tiempo. No hay excusas.

O ecologistas  de corazón y de práctica, o especie de extinción. Ese es el dilema.

ANDARINAS

andarinas2Así son las mujeres de muchas ciudades a las que es fácil ver pasear o  correr, en estas fechas cuando el sol lo permite,  y el resto del año, a cualquier hora en que les sea posible en razón a  las múltiples obligaciones que suelen tener.

Hay de todas las edades y tamaños,  equipadas algunas con minucioso detalle, desde el color de las uñas  hasta la visera más fashion, cruzándose felices con las que calzan deportivas de los chinos y gorra que hace publicidad del taller de coches del cuñado.  Las ves a paso ligero o de procesión, solas o en grupo… Decenas de mujeres toman las calles, en una práctica a mitad de camino entre lo deportivo y lo simplemente saludable, empeñadas en cuidarse un poco a sí mismas,  decididas a poner de su parte para que el cuerpo aguante lo que tenga que aguantar, que faena no falta a las mujeres,  por muchos años que cumplan.

Caminar  es una elección como disciplina deportiva que se adapta muy bien a los usos y costumbres de las mujeres. No es un deporte de alto riesgo, que de esos, y sobre todo,  a cierta edad,  ya no quedan  ganas de nuevas experiencias. Tampoco  es una actividad competitiva donde haya que superar a las rivales convirtiendo en fuente de estrés lo que sólo busca un momento de bienestar. Tampoco es una actividad solitaria, sino que por el contrario permite la socialización plena, la charla distendida y la terapia que para muchas mujeres significa la posibilidad de darle a la lengua en ambiente amigo y comprensivo.

Aunque también las hay que prefieren salir solas,  colocarse los cascos y aislarse de un entorno a veces  complejo y estresante, para dejarse  invadir por la música preferida que suena a toda castaña  impidiendo totalmente el recuerdo de los problemas, ajenos y propios, de las incertidumbres y  preocupaciones inacabables. Entonces,  andar  se convierte en una forma de salvaguardar la salud mental, presentando  resistencia ante la posibilidad siempre presente de acabar petando ante tanto requerimiento externo y  tanta autoexigencia interna.

Algunas, las más valientes,  no sólo caminan  sino que incluso corren. Hay que tener en cuenta que hacerlo, sobre todo en ciertas fases de la vida, depende de factores externos (exceso de peso, existencia de prótesis, capacidad pulmonar, estado de articulaciones) pero también de la capacidad de aceptar retos personales, que a veces se ganan y alimentan la autoestima y a veces ser pierden, obligando a pasar página con humildad. A los 30/40 años es factible mantener un trotecillo elegante,  porque el cuerpo todavía aguanta casi lo que le eches, y aunque una se despeine y sude, no se producen daños graves o irremediables. Sin embargo, superada cierta edad, si se fuerza la maquinaria,  el cuerpo empieza a hacer ruidos extraños mandando señales inequívocas de que no está para trotes, en el sentido literal de la expresión.

Con todo, caminar/correr es un placer irrenunciable que no debería ser excluido del catálogo de recursos que hacen sentirse mejor a las mujeres. Cierto que hace falta superar  la fase de de agujetas y calambres. Y la de  los miedos,  que los hay de todos los tipos (a hacerse daño, a hacer el ridículo…) También la fase de la culpabilidad que surge de la nefasta y habitual idea de que deberíamos dedicarnos a cosas más serias y útiles. Pero una vez rebasadas esas dificultades adicionales, llega el momento del placer puro y duro que surge de la autosuperación, y la victoria frente a límites ante los que nos sometemos sin resistencia.   Sólo por eso, ya es un necesario entrenamiento.

DE GOLONDRINAS Y PIEDRAS

Una golondrina no hace verano y “tota pedra fa paret”. Dos dichos muy dichos, en dos lenguas diferentes, que se contradicen flagrantemente. O quizás no, porque ambos son ciertos aunque, eso sí, según circunstancias. GOLONDRINA

Acoger a 629 personas cuyas vidas estaban en peligro es sin duda un hecho a celebrar. Sin reticencias, ni lecturas sesgadas, ni felicitaciones con la boca pequeña. Es un triunfo sin paliativos de la solidaridad que no tiene nada que ver con el buenismo, como algunos pretenden hacer ver. El hecho es que esas personas hoy respiran como resultado de una decisión política, diferente a otras que hubieran condicionado un final mucho más triste y habitual. “Tota pedra fa paret”.

Sin embargo, el rescate de las personas del Aquarius es una golondrina que no trae el verano de la vida, teniendo en cuenta que sólo en 2017 llegaron a este país más de 22.000 personas que prefirieron arriesgarse a la terrible muerte en el mar, que afrontar la inseguridad de sus propias ciudades. Cerca de nuestras costas se produjeron más del 20 % de las muertes por esta causa en todo el planeta. Son muchos cadáveres. Algunos bien a la vista, como el del pequeño Aylan, tan llorado a diferencia de otros anónimos y olvidados.

Las mujeres al poder, celebramos al unísono, porque, efectivamente, es nuestro momento. Quizás porque será difícil hacerlo peor. O porque la situación es tan difícil, que solo ellas parecen atreverse a enfrentarla, aún sabiendo el alto precio que pagarán por sus errores y fracasos. Son Vicepresidentas, Ministras, Alcaldesas… Se postulan para Jefas de la oposición, para Fiscalas Generales… Presiden el Consejo de Estado o dirigen periódicos de gran tirada. Sólo falta que nombraran a alguna Seleccionadora nacional de futbol. Eso sí que dejaría a más de alguno en estado de colapso mental. Sucede a todos los niveles, incluso en Xàtiva, donde una mujer preside por primera vez en toda su historia la Agrupación socialista de la ciudad. “Tota pedra fa paret”.

Pero la mera presencia femenina, siendo imprescindible, no es suficiente para cambiar una sociedad que lleva siglos ignorando y explotando a las mujeres. Eso solo se consigue con una práctica cotidiana, que nunca olvide a las compañeras de viaje que cementaron el camino por el que ellas transitan. Requiere un empeño permanente para conseguir cambios radicales que mejoren las condiciones de vida de todas las mujeres. Exige un tozudo esfuerzo para cambiar la forma de actuar y entender la realidad sustentada en otros valores, otros principios. Eso es el feminismo, una

teoría revolucionaria y transformadora por definición. No la golondrina vistosa que pía bien alto, pero que cuando se va, deja el mismo paisaje.

Esta semana se ha cumplido un año del 19J. Una fecha que pilló a bastantes ocupando los Ayuntamientos de muchas ciudades para reclamar 120 míseros millones de euros reclamados para financiar la lucha contra la violencia machista. En las últimas 48 horas han asesinado a cuatro mujeres más, en Barcelona, Pontevedra, Badalona y Granada.

Es la hora de que lleguen las bandadas de golondrinas, como si fueran los pájaros asesinos de Hitchcock, a exterminar las ideas que arman a los agresores machistas. Como el que asfixió a su mujer dejando 3 criaturas huérfanas.

Es hora de que consigamos muchas piedras, todas las necesarias, para construir el muro que nos defienda de quien es capaz de pegar dos tiros a su mujer tras una discusión. Un muro útil para dejar definitivamente fuera de la sociedad, a las ideas y a las personas que no merecen vivir en compañía de seres humanos porque ellos no lo son.