LAS PRIMERAS DE LA LISTA

Esta semana macropuéntica, palabro que me acabo de inventar, se debe fundamentalmente a dos eventos, una fiesta religiosa, la de la Inmaculada Concepción y otra civil, que es la celebración del Día de la Constitución.

La Constitución de este país, tiene 38 años y está  ya la pobre bastante amortizada. Tuvo, y eso no se lo niega nadie,  un papel estelar en determinados momentos de la historia pero a día de hoy, tiene tantos descosidos que necesita algo más que un remiendo.

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Pero sucede que a todos les da miedo meterle mano y todos hablan de su necesaria reforma pero nadie coge el toro por los cuernos y se atreve con ella. O sí, pero siempre que sea con discreción, para hacer lo justo, según los propios intereses, pero sin abrir la veda no sea que se abra la caja de los truenos y todo el mundo se ponga a pedir     mejoras a diestro y siniestro -nunca mejor dicho- , y ya sea imposible cerrar la caja porque no haya acuerdo sobre lo que ha de contener.

Si hay una palabra sagrada en este tema, es la del consenso, el acuerdo porque al parecer sin él, nada es posible aunque con él, el resultado sea algo decepcionante.

Reformar la vieja ley, no es tan difícil. Aunque algunos dicen que es un trámite difícil y complejo, lo cierto es que cuando se quiere, cuando se quiere de verdad, que decía el poeta aunque aquí no estamos hablando de amor, se puede.  Véase la triste noche del 2010 cuando se cambió la norma para poner a los bancos antes que a las personas. Y ya antes en el 92, cuando se añadió una palabra necesaria para adaptarse al Tratado de Maastrich recién firmado. Para esas cosillas, el acuerdo entre fuerzas políticas, entre todas ellas,  fue rápido y eficaz.

Puestos a cambiarla hay una larga lista de mejoras propuestas. Desde la cuestión territorial  al Régimen del Estado, aunque no se conocen propuestas de medidas para garantizar que luego se cumplan sus preceptos en toda su literalidad. Ya sabemos todos y todas que aunque en ese viejo documento se hable de forma solemne del derecho a la vivienda, a la educación, al empleo, etc…luego tales derechos se convierten en algo así como recomendaciones subordinadas  a lo que es posible, lo que se puede pagar, lo que es oportuno, lo que es prioritario…Y por eso sigue habiendo en este país, gente sin casa, escolares en barracones, personas en desempleo etc… y mujeres que son asesinadas por causas conocidas y evitables.

Las propuestas de  las mujeres  deberían ponerse las primeras de la lista, si en realidad este país sintiera que tiene una deuda contraída con las mujeres, siempre ciudadanas de segunda categoría. Y si no se olvidara con enorme tozudez que la mitad de la población son mujeres. Y la más importante  de las reformas, no es el asunto de la herencia del título de la Corona, del que las mujeres son excluidas de forma expresa y descarada. Cierto es que es una discriminación directa, directísima, de indudable  valor simbólico aunque escasa repercusión en la vida diaria de las mujeres españolas.

Lo que sin embargo, si tiene una repercusión brutal son otro tipo de medidas y actuaciones  que sobre todo por no existir, es decir, de forma tácita causan un gran mal a las mujeres.  Hay que recordar que para  empezar la composición del Tribunal Constitucional, el principal encargado de juzgar la aplicación de esta ley marco fundamental, debería ser, como la misma Constitución predica, equilibrada, es decir mantener una relación proporcionada entre mujeres y hombres. Hoy no la tiene.

Para seguir, y puestos a denunciar injusticias en el campo constitucional, habría que reclamar que a la hora de alabar a los padres de la patria que parieron esta norma, cuya importancia y trascendencia nadie discute, se acuerden también de las madres de la patria, las mujeres constituyentes que participaron en pie de igualdad en ese trabajo sin que a posteriori nadie se acuerde de ellas.

Pero sobre todo, la exigencia de las reformas gira en torno a  su contenido, ese que hay que modernizar, actualizar….y que debe acordarse de forma inexcusable  de las mujeres. A la hora de hablar de derechos sociales, económicos, de acceso a la cultura, sería bonito que los y las nuevos constituyentes tuvieran en cuenta a las mujeres de este país, cuyo acceso a los bienes comunes o a los derechos colectivos siempre se ve mermado y reducido en relación a los hombres.

A la hora de hablar del derecho al trabajo, no hace falta insistir mucho más en que las mujeres tienen menos acceso al empleo retribuido, sufren más precariedad, cobran menos salarios y ocupan siempre los puestos más bajos de las pirámides jerárquicas por lo que los reformadores de la constitución deberían tener en cuenta esta realidad para arbitrar mecanismos que reconociendo esa realidad sean capaces de cambiarla.

Así que bienvenida sea la fiesta de la Constitución, la ley que hizo de este país un estado democrático. Y bien recibidas sean las reformas que la mejoren y modernicen. Pero, oigan, partidos políticos que tienen que ponerse de acuerdo para cualquier modificación, esta vez, acuérdense de las ciudadanas españolas, de la mitad de la población, de las siempre olvidadas y por una vez, póngannos a nosotras y nuestras cosillas, las primeras de la lista. Ya va siendo hora.

 

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