EUROS CONTRA LA VIOLENCIA

En lo que llevamos de año han asesinado a 32 mujeres y son 5 las criaturas muertas con el único objeto de causar más daño. Dos millones y medios de mujeres sufren violencia en la pareja, cada ocho horas una mujer es violada en España y un millón y medio padece violencia sexual fuera de la pareja. Son las cifras del horror.

Ante el se convocan multitud de concentraciones y manifestaciones con la intención de  dar fe de que ninguna de ellas es olvidada,  condenar a los culpables y exigir una definitiva solución.

Porque la violencia de género tiene solución. Parece que no la hay en razón de su persistencia, pero la hay, aunque no es fácil ni sencilla. Exige un enorme consenso social, sustentado en una clara voluntad política que se ha de demostrar en la asignación de los medios necesarios para resolver el problema de fondo que alimenta la violencia machista, que no es otro que la desigualdad.IMG-20160128-WA0005

Porque si hubiera igualdad en este mundo desigual, y desaparecieran las dependencias económicas y afectivas a las que están sometidas las mujeres, si las niñas tuvieran que luchar por un futuro tan difícil como el de cualquiera, pero no más, es muy posible que a los maltratadores y asesinos de mujeres les costara más encontrar a sus víctimas.

Sin embargo, es evidente que la violencia machista no se derrota, ni la igualdad será realidad, sólo con minutos de silencio. Ni tampoco con algunas actitudes que no colaboran demasiado: la de quienes no hacen suyo el problema y se mantienen a cubierto. O la de quienes, ante los esfuerzos realizados, más o menos exitosos y casi siempre mejorables, siguen la insana costumbre de criticar, aunque sea hincando el diente en aspectos secundarios, a pesar de que así se desacrediten los avances realizados.

Luchar contra la violencia tiene un precio. En euros. Y no parece que quieran hacer este gasto quienes manejan las cuentas del reino y a la hora de la verdad, solos antes sus macrocifras, deciden asignar a la lucha contra la violencia machista un 0’0001 del Presupuesto, unos 28 millones de euros, que es un 11 % menos de lo que se dedicaba hace 7 años. Viene a ser, dicho de otra forma, como si de un salario de 1800 euros se dedicaran 2 euros a la protección de las mujeres de la familia amenazadas de muerte por el machismo. Es la fantástica cantidad de 6’9 euros al año destinados a cada mujer que sufre violencia.

Nadie en su sano juicio se alinea con los maltratadores, ni enarbola la bandera de la desigualdad, pero esa falta de coherencia presupuestaria proporciona coartada a la violencia machista, porque no hacer significa dejar hacer. La promesa de un Pacto de Estado para afrontar el problema sin fisuras desde todos los ámbitos sociales, hace aguas a la vista de estos Presupuestos. Desaparece por el desagüe la magnífica energía colectiva generada, si no se financian debidamente los recursos de prevención y protección necesarios y se articulan los medios para lograr el cambio cultural necesario que nacerá en las escuelas y prenderá en la sociedad.

Luchar por la igualdad es construir un edificio con frágiles materiales, a merced de vientos y tempestades, hasta hacerlo tan fuerte que las mujeres queden protegidas en él. Se trata de colaborar para que se levante fuerte y triunfante y no de soplar para derribarlo. Y de pagar el precio correspondiente. En euros.

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ENTRE EL DICHO Y EL HECHO, LAS MUJERES SON ASESINADAS

Los Presupuestos Generales son  la piedra filosofal de un Gobierno, porque indican más allá de discursos y promesas lo que realmente se compromete a hacer. Es una especie de confesión pública de sus prioridades, exponiendo a la luz pública sin trampa ni cartón sus verdaderos intereses.

Y ello es así, porque como todo el mundo sabe, vivimos en una sociedad en la que todo tiene un precio, o dicho de otro modo, todo se paga, así que todos los pronunciamientos previos se caen, ante la fuerza de los dineros, que son los que marcan la diferencia entre la realidad y las mentiras. Y en materia de igualdad el balance no puede ser más insatisfactorio.  2014-07-24 21.00.42

Aunque se les llena la boca hablando de ese crecimiento económico que quieren vender, lo cierto es que éste es completamente inexistente para quienes vienen sufriendo los efectos de la crisis: personas desempleadas, paradas, pensionistas….

Si en la anterior legislatura aumento formidablemente la pobreza en general y las desigualdades entre mujeres y hombres en concreto, afrontamos según se expone ahora en los Presupuestos una época si cabe peor.

Porque son unos PGE 2017 que no sólo no afrontan con los dineros públicos el deber de promoción de igualdad efectiva y de lucha contra las violencias machistas sino que ni siquiera intentan recuperar los recortes efectuados.

El dinero destinado a financiar las políticas de igualdad roza lo puramente testimonial. No hay crecimiento para las partidas de igualdad, reducidas desde que gobierna en un 37%, más de la tercera parte, y un 41,2% desde 2010.

Tampoco para la lucha contra las violencias machistas, un 9% por debajo de lo asignado en 2011 y un 10,8% menos que en 2010. De que sirvió llenar las calles de Madrid hace dos años un 7 de Noviembre que pretendía marcar una diferencia? De que sirve congregarse mes tras mes a la puerta del Ayuntamiento de tantas ciudades  si a la hora de la verdad, cuando hay que arremangarse , aparecen las excusas y los recortes ?

Si los presupuestos son un indicador clave del grado de compromiso del gobierno con su obligación de promover la igualdad efectiva de mujeres y hombres y de combatir la violencia de género, es evidente que a quienes nos gobiernan estos problemas le parecen insignificantes.

Y la triste realidad es que en materia de igualdad y de prevención de la violencia de género, no avanzar significa retroceder. No hacer nada significa que se autoriza a otros para que sigan haciendo lo que luego se pretende condenar. No invertir en  ayudas reales que permitan a las mujeres confiar en que las denuncias las llevarán a alguna parte que no sea el cementerio, no es solo una burla sino una crueldad inexplicable.

 

EL NEGOCIO DE LA MUJER OBJETO

Uno de los mejores abonos para alimentar el  machismo que la ciudadanía de Xàtiva y buena parte de sus representantes municipales condenan los días 25  de cada mes en la puerta del Ayuntamiento, es la cosificación de las mujeres. Tal palabro define el procedimiento por el cual se convierte a las mujeres en objetos, a ser posible de bonita apariencia,  aunque no del todo inanimados porque un poco de ánimo marchoso siempre viene bien  para el objetivo buscado.

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Éste es su explotación como fuente de negocio y beneficio,  como no podía ser de otra manera en esta sociedad mercantilizada donde todo se compra y se vende  . Y a esa finalidad,  prioritaria y descarada,  se subordina todo los demás: principios,  valores, creencias… En un mundo donde el dinero es la medida de casi todas las cosas, las mujeres son muy útiles para proporcionar, convenientemente cosificadas, pingües beneficios en innumerables negocios.

Así sucede, ya sea como usuarias de florecientes industrias derivadas de la más cruda tiranía estética, o como producto en venta  mediante la utilización de su cuerpo por partes, según su  uso y aprovechamiento: la vagina para el placer (en la prostitución) o el útero para parir (en las maternidades por encargo).  Sin olvidar otros tipos de explotación que, por su carácter más habitual, parecen menores: entrada gratis de las chicas en las discotecas como reclamo sexual, publicidad  sexista llena de piernas y escotes de imposible relación con el producto a promocionar …

También es cosificar, esa tendencia en apariencia inocente, de convertir a las mujeres en símbolos llamadas mises, reinas o festeras, con funciones de representación del  resto de la especie femenina .Cualquiera  sirve para personificarlas a todas, como si lo que tuvieran en común las mujeres no pasara de un diseño biológico básico, despreciando las cualidades y creencias , que son las que realmente  nos asignan  cualidad de seres humanos individuales.

Deriva también en la existencia de  profesiones tan curiosas como azafatas o paragüeras cuya función consiste  básicamente en lucir palmito, reuniendo requisitos tan curiosos como calzar un 38, amén de ser extrovertidas y simpáticas. Condiciones  absolutamente necesarias como todo el mundo sabe, para llevar un paragüas, durante tres días, de 8 a 18 horas, por 100 euros. Una oferta laboral que indudablemente no se puede rechazar.

Con todo, hoy  peligran  algunas de estas mal llamadas tradiciones, cuyo mérito está por demostrar. Así los australianos han sido los primeros en ofrecer a los ciclistas que participan en la   Tour Down Under, un ramito de flores pero no una muñeca de plástico. También en la Vuelta ciclista al País Vasco se han tomado medidas en igual sentido a las que se ha sumado el Ayuntamiento de Jerez,  desatando una agria polémica, como siempre ocurre cuando se tocan estos temas relativos a las mujeres, en los que no suele primar la sensatez sino el derecho de cualquiera  a opinar desde las vísceras.

En la Fira de  Xàtiva, en 2015 y 2016,  se pudo ver con motivo de la muy masculina carrera de motos, un ramillete de jovencitas,  en la calle y en formación militar, uniformadas con pantaloncillo escaso y camiseta blanca,  en algunos casos de talla inexplicablemente inferior a la necesaria,  que posaban sonrientes con el motero ganador o sujetaban paragüas para que las motos no sufrieran con el calor.

Es de esperar  que esta tradición por lo menos, desaparezca este año. Como desapareció la de tirar patos del campanario o ir a lavar la ropa al lavadero.  Más que nada por comprobar que esta  ciudad no va de farol y no quiere perder en su apuesta por la igualdad.cosificacion

MICROCORRUPCIÓN

Anda el personal bastante rebotado viendo como, telediario tras telediario,  van apareciendo casos de corrupción cada uno más tremendo  que  el anterior. Hasta 30 causas y 800 imputados. Parece mentira que tanta gente deshonesta,  al parecer, se haya refugiado  en el mismo partido. Eso sí que es mala suerte. chorizo

La lista de casos que  están en procesos judiciales es cuasi infinita sin que se pueda saber cuándo llegarán a término  viendo lo lenta y poco inexorable que es  la justicia por lo menos, en determinados casos. La condena en firme sería lo único que quizás aliviaría la sensación general de ser una sociedad estafada impunemente por unos cuantos impresentables repeinados que además, se van de rositas. Aunque lo interesante, como se exige hasta la saciedad, es que devuelvan lo robado y no saquen beneficio, ni presente ni futuro, ni ellos ni su entorno,  del delito cometido. Porque, en caso contrario,  sale barato penar unos cuantos años para disfrutar después de una privilegiada  vida a cuenta de lo robado.

Hay países, que sin tener la solución definitiva porque no se trata de otorgar certificados de santidad, tienen el tema algo más controlado. Hubo un presidente alemán que  dimitió por un nimio asunto de favores y un ministro de Defensa que hizo lo mismo por plagiar su tesis doctoral. En Francia llegaron a condenar a un Presidente de la Republica por malversación de fondos públicos. En Japón, llegó al impensable e indeseable extremo en 2007 del suicidio del  ministro de Agricultura , Toshikatsu Matsuoka, que  se quitó la vida horas antes de afrontar una sesión parlamentaria sobre la ocultación de donaciones económicas. Incluso aquí en España, no hace tanto,  un político de primer nivel,  dimitió por tener un hermano aprovechado que ocupaba despachos oficiales por la cara.

En cualquier caso,  quienes despotrican hasta la afonía contra tanto mangante deberían reflexionar sobre la parte de responsabilidad colectiva existente. Porque un sistema corrupto no nace, crece y se reproduce en solitario, sino que prospera , entre otras cosas,  gracias a una permisividad ambiental que fomenta y tolera  conductas en apariencia inofensivas.

Somos un país de listos, de pícaros que ensalza a quienes -dicho amablemente- cazan al vuelo las  oportunidades, aunque en el camino se queden algunos de los principios que luego se enarbolan como bandera y se exigen a gritos. Por eso, nos burlamos de quien devuelve el mazo de billetes que se encontró olvidado en el taxi. O competimos a ver quien engaña más en la declaración de la renta.  O nos quedamos con el cambio que nos dieron equivocadamente. O pedimos facturas sin IVA. Por eso, a veces, identificamos honradez con estupidez y desacreditamos, con más o menos crueldad,  a quien no admite cambalaches, ni comete aprovechamientos ilícitos ni siquiera a la hora de llevarse folios de la oficina.

La corrupción es el cuarto problema más importante para la población mundial tras las drogas, el terrorismo y el tráfico de armas. Véase pues la urgencia de que las personas decentes actúen contra ese monstruo,  desde su trinchera, con humildad y con decisión, sobre todo cuando sólo les vigila su propia conciencia.

Pero es la clase política, sin excepciones, la que debe dar un ejemplo inflexiblemente rígido de honestidad, sin sitio  para la más mínima transgresión. Ni la más tonta, ni la más insignificante, ni la más inocente. Conscientes de que hoy,  cualquier atisbo de abuso de poder, de aprovechamiento ilícito, de privilegio indebido, que implique el incumplimiento de las normas que rigen para cualquier mortal que carece de cargo público, es letal para la credibilidad de cualquier Gobierno, especialmente en el ámbito municipal.