NIÑAS AL PODER

Esta pasada semana se celebró el día de la Niña auspiciado por la ONU con el objetivo de reconocer los derechos de las niñas y los problemas excepcionales que las niñas confrontan en todo el mundo.NIÑAS2

Antes de alguno se soliviante y reclame indignado el Día del Niño, del Viejo, del Adolescente y del recién nacido, vendría bien recordar algunos de esos problemas excepcionales que las niñas del mundo tienen que enfrentar.

Según la OMS, que no tienen nada de partidista ni feminista, 1/3 de todas las niñas del mundo afirma que su primera relación sexual fue una violación y a día de hoy, 7’5 millones de mujeres de todo el mundo son casadas cada año contra su voluntad. Por eso y no por otra razón a día de hay cerca de 700 millones de mujeres están casadas con quien no eligieron sin posibilidad alguna de escapar de una condena que no han hecho nada por merecer.

Dice la ONU que cada 10 minutos, en alguna parte del mundo, que no es obligatoriamente el Tercer Mundo, ni los países subdesarrollados, una adolescente pierde la vida a causa de la violencia sexual (violaciones, trafico y esclavitud sexual, secuestros). Porque esas cosas no pasan en las películas, para lucimiento del superman de turno, sino que suceden en la vida real, donde superman no existe y las historias son tan duras y crueles que la ficción no llega nunca a retratarlas en toda su dimensión.

Por su parte, ONU MUJERES, que sí que es una agencia gubernamental especializada en investigar y analizar de la situación de las mujeres, afirma que 2600 millones de mujeres y niñas viven en países donde la violación en el matrimonio NO esta penalizada. De hecho, solo conlleva castigo expreso en 52 países de todo el mundo así que en los restantes, las mujeres tienen que aceptar la amarga experiencia, que en nuestra bendita sociedad nos parece repugnante y absolutamente inadmisible, como una posibilidad que forma parte de su identidad de mujer

Por último no se puede dejar de señalar que hay 133 millones de niñas en 29 países de Africa y Oriente Medio que han sido sometidas a la mutilación genital femenina. Una “operación” que no tiene nada de cirugía ni de protección de la salud, sino que es una forma de agresión, especialmente cruel y dolorosa, que se practica a las mujeres y que hace peligrar su vida, causa graves secuelas y se hace con el único fin de prepararlas para que puedan ser elegidas por los hombres.

Son muchas cifras y muchos millones, si. Es un bosque tan grande, que quienes estamos ubicados en una cómoda sombra no somos capaces de imaginarlo. Pero son personas, todas ellas son personas que nacieron con derechos que se les niegan metódicamente.

Nosotros conocemos a niñas, que despiertan cada día entre algodones, Que son queridas, atendidas, cuidadas. A las que educamos para que ocupen en la vida el lugar que deseen. A las que intentamos librar de peligros y amenazas. Nuestras niñas nacen en un lugar infinitamente menos cruel que el que existe en otros lugares del mundo. Es cierto.

Pero , no obstante, también ellas tienen pruebas que superar. Y lo importante no es que vistan de rosa o con falda, que también, sino que esta sociedad desarrollada donde en teoría se vive en igualdad no les haga trampas para que pierdan la partida de su vida.

Porque podría pasar que de tanto repetírselo, entendieran que necesitan ser lindas y guapas para progresar y se convirtieran en esclavas de su imagen. Podría ser que aprendieran que son seres incompletos que necesitan de un ser masculino que las complete y de sentido a sus vidas. Y que se queden esperándolo hasta la eternidad.

Podría suceder que no encuentren ayuda, apoyo o medios para ser aquello que quieren ser. Y que tengan que sacrificar su vocación y olvidar sus talentos para poder ocuparse en aquello que realmente quieren. No sería raro que encontraran un trabajo donde sus compañeros varones cobraran mejor salario por el mismo trabajo. O donde han de someterse a rangos y jerarquías que siempre les pasan por encima. Pudiera ser que les tocara vivir reventadas por la obligación de sacar adelante sus familias y mantener su estatus laboral. También podría pasar que las agredieran sexualmente o que las acosara un jefe baboso en su lugar de trabajo. Pasa muy a menudo, aunque se dice poco.

En fin, en su inmensa mayoría nuestras niñas no serán obligadas a casarse con un desconocido, ni mutiladas genitalmente, ni deberán prostituirse o serán objeto de trata como si fueran animales. No pasará eso, es verdad y nos alegramos por ello. Pero con todo, habrán de afrontar miserias y amenazas que deberán superar, por ser niñas, por ser mujeres.

De ahí el Día de la Niña, cuya celebración por estos motivos, ojalá algún día deje de tener sentido

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ELLAS ESTÁN AHÍ

lupa3Xàtiva, ciudad culta, amante de la literatura. Xàtiva, ciudad organizadora de certámenes literarios  de reconocido  prestigio. Xàtiva, ciudad  que no encuentra para formar parte de los eminentes jurados que librarán  importantes premios, a mujeres con la suficiente talla cultural o artística,  como para evitar que el listado de integrantes sea absolutamente monocolor, absolutamente masculino. No sólo sucede con la literatura. También con otras actividades, culturales y artísticas, donde suele ser un ejercicio decepcionante comprobar que nunca, y nunca es nunca, aparecen mujeres formando parte de los órganos encargados de la valoración, como si no existieran, como si no estuvieran cualificadas, como si su opinión no tuviera ningún valor.

A la hora de designar personalidades de reconocido prestigio del ámbito local que aporten con su rigor y cualidades, seriedad y transparencia a cualquier evento es enormemente llamativo, y si me permiten, algo insultante, que las mujeres nunca sean reclamadas, jamás designadas por ese dedo que parece  algo despistado, por no decir,  misógino.  Parece mentira, y lo es, que en una ciudad donde el 52% de la población es del sexo femenino, no haya, como hay entre los hombres, mujeres con suficiente nivel  en cualquiera de las áreas a valorar,  como para  ser objeto de este tipo de honores y consideraciones.

Más teniendo en cuenta que en la vida cultural de esta ciudad  las mujeres son un activo motor que impulsa, organiza, celebra y protagoniza multitud de encuentros e iniciativas.  Están ahí, quizás sin ocupar en el escaparate social el puesto que deberían,  por causas, de las que sin duda alguna, no son ellas responsables.

 

Están ahí y solo hay que hacer el esfuerzo de verlas, de ponerles nombres y apellidos, de reconocer sus méritos , de no permitir que sus talentos sean enmascarados , oscurecidos por los de los varones que sin duda, son también expertos acreditados cuya valía nadie puede discutir.

Están ahí, pero si no estuvieran, habría que poner los medios para que estuvieran porque una sociedad, una ciudad que no extrae todas las capacidades y posibilidades de la mitad de su población está haciendo un ejercicio de miopía que sin duda irá en su contra.

Apostar por la igualdad es algo más que sentidas declaraciones y actos simbólicos. Es cambiar la realidad, transformarla, introducir cambios reales y visibles, contantes y sonantes. En todas las áreas municipales. Sin excepción. Implica por ejemplo, que las ordenanzas fiscales del próximo año, en fase de exposición pública, pendientes de las alegaciones que puedan ser presentadas, incluyan entre quienes se benefician de exenciones y bonificaciones en el uso de instalaciones públicas a las mujeres especialmente vulnerables y necesitadas de protección, como son las víctimas de violencia machista.

El movimiento se demuestra andando. De los dichos a los hechos, a veces va un trecho tan grande que mientras se recorre, se pierde la memoria  y se cuelan urgencias y prioridades  que hacen olvidar  con enorme facilidad compromisos y promesas.

A las mujeres les pasa siempre. Siempre son las primeras sacrificadas en las crisis, las últimas en ver reconocido  su esfuerzo. Cuando reclaman, siempre reciben más mordiscos de los habituales, cuando callan son ignoradas sin ningún  sentimiento de culpa. Cuando triunfan, su éxito es menos brillante, cuando fracasan, a todos les parecía previsible. Su excelencia siempre es cuestionada y aprenden bien pronto que han de trabajar siempre  el doble para conseguir, muchas veces,  la mitad

Ya es hora de que las cosas cambien. Desde los pequeños detalles a los actos más revolucionarios. Empezando por buscarlas para que, en pie de igualdad, formen parte de quienes juzgan y puedan dejar así de ser juzgadas.

EL DOMINGO PASADO

Es fácil recordar lo que pasó el pasado Domingo. Cualquier persona a la que se preguntar tendría una respuesta fácil. Imposible olvidar escenas que a la mayoría nos gustaría no haber visto nunca.

Imágenes, muchas imágenes. Impresionantes, clarificadoras, desgarradoras, indignantes. Repetidas, mudas, pero insufriblemente descriptivas. Y muy violentas. Insoportablemente violentas. Causantes de enorme rabia, como siempre pasa cuando ves a los fuertes y poderosos avasallando a los más débiles y vulnerables.

Domingo de declaraciones a miles, de tertulias televisivas maratonianas y telediarios casi monotemáticos. Y opiniones, miles y miles de opiniones transmitidas por todos los medios, de todos los colores y calidades. Las redes hervían, se superaban a sí mismas, recogiendo juicios, advertencias, predicciones, condenas, análisis. Todo el mundo tenía algo que decir o sentía que tenía que decir algo. Opiniones inteligentes, pero también interesadas. Objetivas o sectarias. Sinceras o por encargo. Aburridas o innovadoras. Opiniones y juicios inacabables e incansables, en una pugna feroz por captar adeptos, por destacar y ser la más seguida, la más repetida, la más oída.

mafalda

Y no sólo hubo un estallido múltiple de opiniones. También hubo tiempo y espacios para quejas y lamentos, para reclamar, para dolerse o para alegrarse. Tiempo de emociones y estados de ánimos: los alegres y optimistas que veían el vaso medio lleno y la faena casi hecha. Quienes lo veían todo negro, negrísimo y querían bajarse en marcha de un país que no comprenden. Quienes sentían rabia asesina, porque sentían en propia carne la humillación y la violencia que se hacía sufrir a otros. Los del miedo, ese que paraliza y enmudece; los que no quieren saber, ni entender, ni mucho menos tomar posición porque no quieren arriesgar status o alianzas, aunque tengan que sacrificar su conciencia. Los cínicos que directamente no tienen conciencia y todo les da igual, por lo menos, en la medida en que no les afecte. Los sabios que saben exactamente lo que hay que hacer, y se desesperan porque no consiguen ganarse la autoridad que creen tener…

Todo eso pasó el pasado Domingo. Durante mucho tiempo se hablará de él. Y de las cosas que pasarán después. Hay que estar preparadas.

Por eso, se explica que no se hablara y casi nadie sepa, que ese mismo Domingo mataron a una mujer a cuchilladas en Madrid y a otra en Barcelona. El asesino de esta última mató también a un bebé de 11 meses y después se suicidó.

Son más víctimas de una lista interminable. No tienen ni nombre. Han muerto. Las han matado. Es una pena, una desgracia. Pero además tuvieron mala suerte con el día que les tocó morir, si es que hay alguno bueno. Pero este era el peor. La gente estaba en otras cosas. Hay incluso quien se molesta si insistes en recordarlas.

Y por eso, ellas mueren dos veces. La real, cuando se comete el asesinato y dejan de existir porque un hombre así lo decide y se salta todas las leyes, todos los derechos, sin contemplaciones. Y la social, cuando son olvidadas y su recuerdo se borra de todas las memorias, perdida definitivamente su identidad.

Duele ver como prostituyen la democracia, como se pisotean las libertades y se impone la ley del más fuerte. Indigna justamente ver como se manipula, se mangonean legítimos sentimientos y se apropian indebidamente de aspiraciones permanentes de pueblos que son y se sienten oprimidos.

Pero además, sin ánimo de confrontación, ni de comparar dos tragedias que no son de categorías comparables, no deberíamos permitir que los grandes desastres nos hagan perder de vista las grandes catástrofes que acaban con la vida de las mujeres.

LAS DE TODA LA VIDA

pequeño comercio

Es un hecho constatado el esfuerzo realizado por el Ayuntamiento y su Concejalía de Promoción económica para dinamizar la economía de la ciudad impulsando la no siempre cómoda participación de las asociaciones del empresariado y comerciantes y promoviendo ofertas formativas y eventos como los Outlets que esta pasada semana ocupaba la Alameda. Quizás valga la pena detenerse, sin embargo, sólo un minuto, en reconocer la labor de otro tipo de negocio, de empresariado que no suele obtener ningún tipo de protagonismo en estas campañas , sin duda muy necesarias para fortalecer uno de los elementos esenciales de la economía de una ciudad de servicios como es Xàtiva.

Pero igual que Teruel también existen, los pequeños, los muy pequeños, comercios. Esos de toda la vida, que se ubican en calles y plazas de barrios donde los especialistas dicen que no hay negocio y por tanto son ignorados por las grandes cadenas. Esos que están en los barrios histórico o viejos según se mire, en las calles estrechas donde no se compra con coche, sino que se arrastran los carritos de la compra, -qué buen invento para las mujeres-, a pesar de las aceras raquíticas o los grandes escalones.

Son las pequeñas tiendas, las de toda la vida, que carecen de escaparate y a veces hasta de nombre, porque son la tienda de Pepita, o la de la esquina, o simplemente la del barrio porque es la única que resiste.

Tiendas oscuras, pero limpias. Carnicerías diminutas pero relucientes. Peluquerías de un solo secador. Fruterías con básculas del siglo pasado. Esas tiendas donde la clientela tiene nombre y apellido, y se conocen las anteriores y venideras generaciones. Donde siempre hay un rato para la cháchara y por eso, si caben, hay un par de sillas para que la gente, las mujeres que suelen ser mayores, descansen antes, durante y un ratito después de comprar.

Tiendas que son negocios, pero sólo técnicamente, porque sus beneficios son de risa y solo sirven para sustentar una existencia modesta y sin grandes aspiraciones económicas. Tiendas además que durante la época más dura de la crisis, en aquel momento en que muchas neveras se quedaron vacías de forma casi permanente y muchos niños almorzaban

pan con pan, fueron fundamentales para evitar situaciones verdaderamente dolientes.

Porque son tiendas modestas pero solidarias. Y muchas de ellas supieron comprender el tiempo que vivían y el papel que se exigía de ellas y actuaron con criterios poco comerciales pero muy humanos y generosos. Y fiaron dinero a quien necesitaba un respiro, que luego casi siempre recuperaron. Y adelantaron alimentos a quienes no se lo pedían, por vergüenza, sin hacer sufrir ni un milímetro a la dignidad de la persona.

Gracias a ellas, muchas personas superaron los meses más negros de un período que ahora nos dicen que terminó aunque en el camino se ha dejado mucha gente y mucho sufrimiento

En ellas se escucharon muchas confesiones, muchas pequeñas tragedias que se cuentan en voz baja, sin aspavientos ni altavoces, pero que reflejan el dolor que ahora parece que fue imaginario.

Ahora que salimos de la crisis, que dicen que volvemos a los tiempos de las vacas gordas, de la abundancia quizás alguien tendría que hablar por ellas, para reconocer su valor y su función y también, porqué no , para reivindicar que sean protegidas frente a la implacable invasión de las grandes cadenas y marcas contra las que les es imposible competir.

Cada vez que una de estas pequeñas tiendas baja la persiana para no subirla, el barrio queda más despoblado, más desprotegido… Muchas familias sentirán su ausencia y se replantearán vivir en un sitio tan abandonado y carente de servicios. Y se tomarán decisiones que afectarán mucho más que a los dueños que cerraron su pequeño negocio porque ya no podían aguantarlo más, o simplemente porque se hicieron tan mayores que decidieron que ya era hora de entender la vida como algo más que un trabajo.

Tiendas pequeñas, pequeño comercio. Pero grandes empresas humanas absolutamente necesarias en una ciudad que cuida a su gente y sabe que cosas son las que realmente importan en la vida

JUVENTUD, DIVINO TESORO

La juventud es una fase de la vida de limitada duración que se vincula a una serie de cualidades y privilegios de los que habría que mucho que hablar.

Es realmente un momento envidiable porque hay toda una vida por vivir, esa famosa página en blanco que unos escriben con letra de caligrafía y otros emborronan. En cualquier caso, es un período siempre prometedor de emociones y experiencias dignas de ser vividas que hemos de afrontar a ciegas, sin anticipar algunas de las que nos gustaría más prescindir.    vejez evitable

Ser joven es ciertamente un privilegio por lo que tiene de abundancia de energías, de ímpetu, de exuberancia vital y seguridad en la propia persona que se cree invulnerable y todopoderosa. Aunque el mismo tiempo, ser joven sea también un castigo en lo que se refiere a incertidumbres, miedos, complejos e inseguridades. Evidente contradicción que inaugura un catálogo interminable que viviremos a lo largo de nuestra existencia.

Quizás lo ideal sería tomar una pastilla tras la jubilación para recuperar la juventud y poder volver a afrontar la vida con las experiencias adquiridas. Pero esa oferta no está en el mercado. Vendría bien, quizás, no simplificar e ignorar los matices para no reverenciar ciegamente la condición juvenil, ni machacar groseramente la vejez, porque en ambos momentos vitales soplan vientos a favor y en contra.

Lo cierto es que las circunstancias que les han tocado hoy a la gente joven no son para echar cohetes. Dos de cada tres jóvenes menores de 25 años están en paro a pesar del esfuerzo formativo, que hacen los propios interesados y sus familias. Se coleccionan titulaciones como para empapelar la muralla china lo que les convierte en la generación teóricamente más preparada que ninguna, aunque laboralmente más castigada que cualquier otra.

El panorama hace cundir el desaliento y es caldo de cultivo de actitudes derrotistas, autoexcluyentes y pasotas. Prima el individualismo más feroz, desconfiando de una sociedad que no sólo los bloquea, sino que además, en algunos casos, pretende desacreditarlos haciéndolos responsables de una situación que les ha sido impuesta y que se niegan legítimamente a aceptar. No es pereza, sino rebelión negarse a trabajar por salarios de miseria o directamente gratis. O hacerlo en faenas muy por debajo de su preparación, o si son acordes con ésta, esquivando fácilmente el reconocimiento profesional y salarial que merecen.

Por eso es de agradecer que una entidad como el Consell de la Joventut de Xàtiva se esfuerce para dinamizar el tejido social joven de la ciudad. Es vital no dejar que se amuermen, que se resignen, que se vayan.…muchos se han ido físicamente, pero otros lo han hecho en espíritu renegando de un país que a ellos como a tantas otras personas, ni les da , ni espera nada.

Y, sin embargo, a poco que se reflexione, es estúpido ignorar que son el futuro. Visto desde la perspectiva más materialista, el futuro de esas pensiones y prestaciones que todo el mundo aspira a cobrar. Y alzando la vista, a horizontes menos interesados pero más interesantes, el futuro de todo un país que, sin jóvenes, se va a la mierda.

Por eso conseguir que se vinculen a proyectos sociales y colectivos, que opten por defender opciones ideológicas y se comprometan con ellas rompiendo el nihilismo estéril y el individualismo embrutecedor en el que les quieren encerrar, es una tarea tan necesaria como compleja.

El Consell de la Joventut de Xàtiva y la Concejalía del ramo tiene que intentarlo. No lo tiene fácil y en ese empeño, ha de contar con la colaboración necesaria para recuperar a esa generación que no podemos dar por perdida.

NO NOS MOVERÁN

Movilidad: capacidad para moverse o ser movido. Y eso es lo que somos, seres movibles, que nos desplazamos de un lugar a otro por placer o por obligación. Que nos movemos por nuestros propios medios o por medios ajenos. Con más o menos facilidad y comodidad.

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Y que solemos hacerlo, si está en nuestra mano, de la forma más cómoda, es decir, en coche, y si es el propio, mejor. Con lo que nos cuesta adquirir nuestro propio medio de locomoción, nos empeñamos en sacarle el máximo rendimiento y por eso queremos ir con él a todas partes, y además de puerta a puerta. Claro que eso exige un número ilimitado de aparcamientos, llena la ciudad de humos y gases desagradables, incrementa el ruido ambiental y perjudica a una mayoría silenciosa, los peatones, que ven sacrificado alegremente su derecho a vivir en una ciudad transitable con comodidad.

Además solemos aplicar la ley del más fuerte y exigimos para nuestros vehículos paso preferente, y que nos dejen conducir con libertad. Por eso ignoramos las normas y protestamos con acritud cuando se regulan los espacios públicos intentando que beneficien por igual a toda la población. Y nos quejamos de las multas sintiéndonos injustamente perseguidos, cuando solamente duplicábamos la velocidad permitida, restringida de forma indignante o nos hemos saltado un semáforo que estaba casi verde. Nos sentimos atropellados en nuestros derechos cuando nosotros no hemos atropellado a nadie. Todavía.

Nuestro coche es nuestro castillo y nos gusta ir solos, sin tener que compartir espacio, ni acordar horarios, ni esperar a otros pasajeros. Cada uno en su coche, igual que en su casa, aunque hagamos el mismo trayecto a la misma hora. Somos así de independientes. El transporte público no es lo nuestro. En algunos casos por sus propias deficiencias, hay que reconocerlo. En otros, léase el inicio del párrafo y se encontrará la explicación.

Pero luego hay unanimidad en desear una ciudad limpia y sin humos. Donde se respire aire fresco y no contaminado. Que huela a campo. Y odiamos el ruido de los motores, sobre todo el de las motos que rugen encabritadas, o de las bocinas que algunos hacen sonar alegremente.

Y también nos gustaría que nuestros hijos e hijas fueran solos al colegio porque hubiera calles seguras, sin tráfico, donde su integridad física no estuviera amenazada de ninguna manera. No solemos sentirnos solidarios hasta que nos vemos en esa situación, con quien circula con dificultad porque sufre alguna discapacidad, permanente o momentánea y se encuentra con aceras invadidas por terrazas o mobiliario urbano mal ubicado o escalones imposibles de superar.

Por todo ello, se está celebrando esta semana en Xàtiva y en multitud de municipios la semana de la Movilidad. Desde 1999, se celebra en toda Europa como un esfuerzo de las Administraciones Públicas para afrontar un serio problema como es el reparto justo del espacio público asumiendo que el problema no es el tráfico, sino la movilidad, como bien explicó el experto Joan Olmos en esta ciudad hace unos pocos meses.

En Xàtiva, que incluso se ha dotado de un órgano de participación lleno de contenido y dinamismo, es un tema que va cogiendo alas, valga la parábola aérea, fruto del empeño pedagógico de un área municipal que ciertamente no coleccionará en algunos casos muchas simpatías, pero está haciendo aquello para lo que fue elegida: trabajar

por la ciudadanía y junto a la ciudadanía para construir una ciudad moderna, solidaria y sostenible. Una ciudad que ha de ser repensada para todas las personas que transitan por ella y no sólo para los coches y quienes los conducen.