CUÁNTO?

 Todavía no ha pasado el suficiente tiempo como para olvidar el 19J. Fue aquel día de Junio de 2017 en el que los Ayuntamientos del país se llenaron de la energía y la rabia, de muchas personas que respondieron al llamamiento que la plataforma Alerta Feminista había realizado. Un llamamiento que pretendía reclamar al Gobierno la inclusión de 120 míseros millones de euros en los Presupuestos del Estado de inminente aprobación porque eran la cantidad cifrada por las asociaciones de mujeres para ser coherentes con las promesas realizadas.  Ni-una-menos (1)

Se argumentó entonces que los presupuestos eran la piedra de toque que marcaba la diferencia entre quienes vierten lágrimas de cocodrilo y quienes honestamente están dispuestos a hacer todo lo que esté en sus manos para frenar la violencia machista. Ese monstruo causante de inmenso dolor, impune e inmune a discursos y condenas simbólicas que al mismo tiempo que mata, va deslizando el veneno de sus ideas en la sociedad.

Ocuparon los Ayuntamientos quienes habían alcanzado un punto de rabia e indignación desde el que sólo aceptaban recursos y ni un solo discurso más .De los que se pagan con dinero . De los que son prosaicamente materiales, pero sirven para pagar a profesionales que apoyen la supervivencia de las mujeres o para dar de comer a las criaturas que se han librado por los pelos de un padre maltratador.

Recientemente las mismas mujeres que lanzaron esa primera convocatoria se han movilizado para solicitar cierta información a los Ayuntamientos propiamente dichos. Que es cierto que funcionan asfixiados por ese Ministro con cara de Simpson, que utiliza su poder sobre la caja del dinero para imponer su mezquina forma de hacer política. Pero que, con todo, son dueños de sus decisiones políticas que reflejan a la perfección sus prioridades.

La campaña, denominada “Hay que pagar el precio de la vida de las mujeres” que lanza Alerta Feminista y en Xàtiva ha sido secundada por XATEBA, pretende averiguar la parte del presupuesto municipal que se destina a la lucha por la igualdad y contra la violencia. Reforzar la idea de que un

Ayuntamiento es muy dueño de decidir un reparto donde las partidas para la igualdad sean testimoniales o sean superiores incluso a lo que marca lo políticamente correcto. Aunque sea un tema que siempre trae polémicas poco convenientes y resulte poco atractivo porque no parece tener solución a corto plazo.

No se trata de fiscalizar desde el descaro o la soberbia. Las mujeres que luchan contra la violencia saben perfectamente que han de buscar alianzas y complicidades y no lo contrario. Quizás pueda parecer que es una forma de presión, de intromisión. Y en realidad, así podría entenderse por quienes entienden que la ciudadanía y las mujeres están más guapas calladas dejando hacer a quienes saben y velan por nuestra bienestar, siempre por nosotras pero sin nosotras. Pero el movimiento de las mujeres ya superó esa fase de la tutela y ha asumido dos verdades indiscutibles: que nadie hablará por ellas, mejor que ellas y que si la vida de las mujeres tiene precio hay que exigir el pago íntegro y rápido.

El Gobierno aprobó un Pacto de Estado contra la violencia al que dijo dotar de 1000 millones de euros, redonda cantidad que quedaba genial en los titulares. A día de hoy, todavía no ha consignado ni un solo euro a la aplicación de ninguna de las medidas propuestas. Calificar esta conducta requiere adjetivos poco adecuados para la expresión pública.. pero no lo duden, aunque quizás no los oigan todavía, están retumbando tambores de guerra que no le auguran nada bueno.

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ESAS DELINCUENTES VETERANAS

Se ha hecho famosa Paquita, esa señora de moño blanco que apareció en la Sexta noche,  echo la bronca a quien se le puso por delante, señalando que por ser mayor no era gilipollas y que ya estaba bien de abusos e injusticias. Tiene 91 años, que deben estar muy bien llevados porque también pudo asistir y hacer agudas declaraciones en Madrid en la concentración de protesta de los pensionistas  para denunciar la subida ridícula y humillante de las pensiones

viejitas

No son tan famosas dos hermanas de 94 y 83 años cuyo historia hay también que contar porque es emocionante, E indignante, porque nos hace ver una realidad que nos retrata en alguna medida como la sociedad que somos, pero no deberíamos ser.

Su historia la cuenta Sergio del Molino en un medio digital. Son dos hermanas, Encarna y Julia, de 83 y 94 años, que se fueron a vivir juntas a una residencia de Soria. La administración reaccionó con premura y diligencia bastante desacostumbrada en líneas generales,  enviándoles una carta en la que anunciaban que iban a retirarle a Encarna su pensión no contributiva de 370 euros porque, al compartir residencia con su hermana, consideraban que formaban una unidad familiar. Para evitar perder tan gran privilegio financiero, las dos hermanas decidieron separarse, aunque lo único que querían al vivir juntas era mitigar su soledad. Esta semana, Julia murió en Madrid, a 230 kilómetros de su hermana, sin ni siquiera poder despedirse de ella.

A quien le parezca que la historia no tiene un terrible fondo que se lo haga mirar. Porque es terrible pensar  que una Administración, cuyo índice de tolerancia con otro tipo de delitos  es extremadamente amplio, cuya efectividad y eficacia en la lucha contra determinadas faltas es  realmente inexistente,  sea capaz de actuar con tanta celeridad y caer como un rayo vengador cuando lo considera necesario.

Porque así sucedió a estas dos mujeres, a las que se les aplicó con rigor y rapidez todo el peso de la ley amenazándolas con un castigo que no se podían permitir, para forzarlas a   renunciar a su inapropiada aspiración: compartir la vida que  les quedaba, como se ve, bastante poca cosa,  en una tranquila residencia de Soria.

Mil millones de euros es la cantidad a pagar por el fracaso de las autopistas radiales que nadie utiliza , 60000 millones los que todos hemos pagado para salvar a los bancos de su propia codicia, y 370 euros los que estas viejillas hubieran cobrado indebidamente de haber vivido juntas en la Residencia.  Como se ve, absolutamente imposible consentir tan flagrante transgresión de las leyes. Un bochorno insoportable que un país civilizado consienta tal abuso . Y así nos va.

En fin, hay que preguntarse que funciona mal  en este mundo, en esta sociedad y en este país para que sucedan cosas tan inhumanas, sabiendo que el factor comparativo no nos da la razón pero tampoco nos la quita. Y que las leyes han de ser para todos, pero tienen que mirar a la cara a quienes la transgreden para buscar justicia y no venganza. Y sobre todo, que no pueden ser para algunos más  obligatorias que para otros y han de ser cumplidas, aunque  también hay que  cambiarlas si consagran la injusticia.

Es un tema delicado, ciertamente. Porque si  queremos mantener la convivencia, no  nos podemos saltar las reglas del juego Pero estas señoras, no parecían estar ya para muchos saltos, ni parece que su pretensión fuera obtener un lucro ilícito Toda su pretensión era  hacerse compañía mutua los años o días que les quedaran.

Ojalá no tardemos mucho más en  darnos cuenta de que vivimos sometidos a esa maldita ley del embudo que nos asigna la parte más estrecha y dolorosa  siempre a la misma mayoría sufridora y vulnerable mientras que  los mangantes poderosos están a salvo, aunque sean pocos mientras sean lo suficientemente crueles e inhumanos

PENSIONISTAS

La pasada semana un grupo numeroso de personas se congregó ante el Ayuntamiento de Xàtiva en una protesta que, como otras muchas, no tiene nada de resignada ni silenciosa. Eran pensionistas, mujeres y hombres que han alcanzado una etapa de la vida que antaño se identificaba con pérdida de facultades, dependencia e inminente fin del ciclo vital. Hoy, sin embargo, en la mayoría de los casos, llega a este status gente llena de energía y proyectos, perfectamente capaz y autónoma, y desde luego absolutamente convencida, con toda la razón, de que su contribución a la sociedad ya ha sido mucha y se merecen disfrutar, ahora o nunca, de un merecido momento de  relax y descanso.

PENSIONISTA2

Es gente que ha conseguido llegar a esa edad prometida y esperada en la que se inicia una nueva etapa donde el empleo, como ocupación cotidiana, obligatoria, reglada y, a veces, muy poco gratificante, deja de ser una obligación. Gente que se ha ganado la vida y ha contribuido a la sociedad en la medida de sus posibilidades, alcanzando así el derecho a disfrutar del esfuerzo realizado durante muchos años. Y por eso cobran pensiones de jubilación, que nadie les regala graciosamente sino que es resultado directo de sus largas vidas laborales y de las aportaciones realizadas durante muchos años.

Congregadas ante el Ayuntamiento de Xàtiva, como sucedió  en muchos otros del país, pretendían hacer ver su justificado cabreo ante la subida de un ridículo 0’25 % de su pensión que puede llegar a suponer en el mejor de los casos, dos euros mensuales. Tan macanudo importe se presta a muchas bromas y chirigotas, pero lo cierto es que no tiene nada de gracia que por cuarto año consecutivo la pensión suba menos que ese puñetero IPC que señala el precio de las cosas y siempre supera las subidas  haciendo que la nómina o pensión se queden cada vez más cortas e impongan penurias derivadas de los excesos ajenos.

La OCDE advierte de que en España peligran las pensiones “decentes” aunque se olvida de las indecentes que también existen y también peligran como las pensiones de viudedad, que perciben mujeres en el 82% de los casos y cuya mísera cuantía hace de ellas un insulto más que una pensión imponiendo a sus “beneficiarias” la pobreza como compañía no deseada. Muchas mujeres perciben además, las llamadas pensiones no contributivas, porque su aportación laboral se ha dado en lo que se llama la economía informal, esa que sostiene el mundo pero no tiene regulación, ni reconocimiento, ni recompensa.

Todas peligran porque la llamada hucha de las pensiones ha sido metódicamente desvalijada, año tras año, lo que es motivo de auténtica preocupación. Sobre todo teniendo en cuenta que según el propio gobierno, el número de españoles mayores de 64 años se duplicará en las próximas cuatro décadas. En pocas palabras que esto no pinta nada bien.

La muy preocupante conclusión es que si las pensiones de hoy son una mierda como han sido calificadas con acierto aunque con poca elegancia, las del futuro no parecen gozar de buena salud, sino todo lo contrario. Y permitir que esta bola siga rodando, aceptando que las pensiones acaben siendo limosnas y que el sistema quiebre, dejando a cada cual que se apañe como pueda es un escenario que produce verdadero pánico.

Se impone quitarles de las manos la llave de la caja a los actuales gestores ante su inexcusable mala gestión y garantizar que quienes los sustituyan apuesten con firmeza por la calidad y la sostenibilidad del sistema público de pensiones, defendiendo la justicia social hasta sus últimas consecuencias