FELIZ DÍA DEL LIBRO

Hoy es el Día del Libro y se trata de celebrar ese objeto, presente en casi todas nuestras casas, en mayor o menor medida, que puede ser de muchas clases y tipologías, con diferentes apellidos y utilidades.

Háganse una idea. Hay libros de bolsillo, de cabecera,  de contabilidad, de escolaridad, de familia, de texto. Hay libros  blancos, libros  sagrados, libros prohibidos…

Dice la UNESCO, basándose en la definición oficial que habla de conjunto de hojas de papel encuadernadas, que han de ser más de 50 para dejar de ser folleto, y subir de categoría, convirtiéndose en libro. Claro que entonces quizás no se había generalizado el uso de  esos trastos, los e-books, fruto del avance tecnológico,  que te permiten una lectura interminable a cambio de privarte del placer de ver, oler y tocar esos objetos que a veces son, en sí mismos,  preciosos.

Todos hemos tenido alguno en nuestras manos alguna vez en nuestra vida. A algunos los hemos amado, a otros,  odiado. Con algunos hemos sufrido enamoramiento a primera vista y nos han acompañado toda la vida. Aunque a veces por el contrario, uno se nos atragantó y no hubo manera de lidiar con él, hasta que acabo sujetando la pata de una mesa que cojeaba. Hay quien los compra según colores, porque conjuntan con las cortinas. O quien compra extensas colecciones que algún día piensa tener la oportunidad de leer.  Nos recomendamos libros a veces para  compartir descubrimientos  o decepciones.  Los leemos con ansiedad, con paciencia, para llorar o divertirnos, para aprender o desaprender.

Muchas  veces no los valoramos en su justo valor, ignorando que son armas revolucionarias capaces de mover y remover conciencias, de inspirar luchas y encender hogueras. Por eso, la Alemania nazi por ejemplo, los quemaba con furia y por eso, surgió la censura, necesaria para regímenes despóticos y dictatoriales, que los mutilaba o directamente los prohibía.

 Los leemos porque para eso han sido escritos,  a veces con mucho esfuerzo, con sangre, sudor y lágrimas. Siempre para ser leídos y transmitir realidades que no son las nuestras y que a veces resultan muy interesantes y otras francamente aburridas.

Todos ellos son una interesante aportación a la Humanidad, que con la escritura  pudo empezar a dejar constancia de su existencia, con sus luces y sombras, y  en los libros la fue acumulando convirtiéndolos en una herramienta de  comunicación que hoy por hoy, no tiene rival , sea cual fuere el formato que asuma.

Hoy es su día. Un 23 de Abril, según decidió la UNESCO ya que  ese día fallecieron autores insignes como Cervantes o Garcilaso. Un dato curioso: si la celebridad de un personaje se mide por la cantidad de libros que se le han dedicado, Jesucristo con gran diferencia es el personaje del que más se ha escrito y su madre María es la única mujer que aparece entre los 30 primeras personas dignas de tal honor. La sigue más de 500 puestos atrás, Juana de Arco. Como era de esperar no han recibido  las  mujeres, mucha más atención que en la realidad.

Es un buen día para hacer un turismo especial, para visitar librerías y bibliotecas.  Aunque sólo sea para tener la oportunidad de tocarlos, olerlos y sentir que las historias que cuentan, sus argumentos, tesis y opiniones  son un fiel reflejo de lo que somos capaces de hacer. Para no dejarlos morir entre tanto mensaje comprimido y fugaz que a veces es vacío y totalmente falto de interés.

Para agradecer, en resumen,  que existan porque son responsables sin duda alguna de nuestros progresos y culpables también de nuestros errores. Feliz Día del Libro.

 

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MEMORIA

La memoria histórica es una clase de memoria especial que no se alimenta con rabos de pasas. Es una memoria necesaria que no es fruto del rencor ni de la venganza sino del convencimiento de que hay que reconocer la historia tal como fue y no tal como nos la contaron. No por revanchismo, no insistan, sino por equilibrar una situación de olvido y humillación que ha de ser rectificada para poder, entonces sí, dar un paso adelante y mirar el futuro sin deudas pendientes.  memoria 1

No es un tema bonito. Muy al contrario, es enormemente doloroso recordar uno de los momentos más crueles y sanguinarios vividos en este país, cuando las reglas de convivencia desaparecieron y la fuerza bruta se impuso sobre la razón. Un conflicto que ha marcado a muchas generaciones de ciudadanos y ciudadanas que no pudieron aprender a serlo, sino que por el contrario han crecido y aprendido con el miedo, la sumisión y la impotencia.

A las jóvenes generaciones, a las que igual de poco inspira la Guerra Civil que la Guerra de Sucesión, les puede parecer un tema de mesa camilla, de gente vieja y traumatizada que no es capaz de sacarse de encima un episodio histórico algo áspero. Y no perciben que la Guerra Civil, cambió el curso de la historia de este país con consecuencias que les afectan de lleno porque determinan como es el país en que viven, quien manda realmente en él, como es la distribución del poder y la riqueza, quien cuenta la Historia y las historias para quedar en la mejor posición…

Hay también quien reniega de la memoria porque pretende situarse en una imposible equidistancia, atribuyendo a ambos bandos responsabilidades y repartiendo por igual la cuota de sangre y violencia que conlleva cualquier enfrentamiento armado. Cierto es que la guerra es, por definición, sucia y brutal porque siendo su fin el exterminio del enemigo no podía ser de otra manera

Pero se empeñan en ignorar que su origen se sustenta en una decisión soberbia e ilegítima que se pasó por el forro la voluntad de la mayoría de la población y siguió haciéndolo durante 40 largos años. Y no quieren mirar a las miles de víctimas causadas cuando ya estaban cautivas y desarmadas que hoy siguen esperando justicia y reconocimiento.

Lo cierto es que la Historia ya ha dado su veredicto que es inapelable, por mucho que queden reductos donde se cuenten cuentos que sólo algunos se atreven a oir. Porque no hay, a estas alturas, ningún debate que ganar sobre el quien, cómo , cuándo y porqué. Lo que sí que queda es una, o más bien miles, de heridas que cerrar reconociendo la injusticia sufrida por miles de personas, muertas y enterradas bajo un olvido feroz. Nadie puede volverlas a la vida, pero sí que es posible recuperar su memoria y darles una digna despedida.

De eso trata la memoria histórica. De la paz, Pero no de la paz de los cementerios, de la paz de los corderos, de la paz del olvido. Es la búsqueda de la justicia pacífica, del reconocimiento de la verdad, que fue la primera víctima de la contienda.

Por eso, que haya una Concejalía y un concejal, responsable de la Memoria histórica en el Ayuntamiento de Xàtiva, que además se muestra activo en su responsabilidad, organizando actos divulgativos y sensibilizadores sobre el tema, es de agradecer. Quizás su tarea no dará muchos votos porque podría parecer que moverse en el pasado no da opciones de futuro, pero en realidad no hay tarea más rentable que construir un presente sustentado en la justicia histórica.

LA VEJEZ NO ES IDIOTEZ

Viejos pero no idiotas. Quizás suena un poco irrespetuoso, pero más lo es la forma en que se está tratando a la gente mayor de este país. En Xàtiva, un 18 % de la población supera los 64 años. Mucha gente vive o sobrevive con una pensión que nadie le ha regalado. Que suele compartir si hace falta, con sus familias, cuando necesitan ayuda para superar baches económicos que se prolongan angustiosamente a pesar de proclamas triunfales tan repetidas como engañosas. PENSION 1

Mayores, pero no muertos. Como algunos los querrían (“los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global” dixit C. Lagarde del FMI) para ahorrarse los gastos de mantenimiento y hacer como con los coches usados, que se llevan al desguace cuando han cumplido su misión.

Pero sucede que ellos y ellas no son objetos inanimados sin alma ni corazón. Es gente que tuvo y retuvo, que vivió y luchó, y que conquistó unos derechos a los que no está dispuesta a renunciar.

Porqué tendría que hacerlo? Les pretenden endosar una mentira estructural que mantiene que para sus pensiones no queda dinero. Y lo dicen, imperturbables, quienes han vaciado la llamada hucha de las pensiones, quienes se han empeñado en rescatar bancos y autopistas, quienes han consentido un estado de corrupción que ha permitido amasar grandes fortunas a costa del dinero público.

Lo dicen con un descaro infinito quienes gastan ahora mismo, ante sus narices, 10.000 millones en la compra de armamento y les niegan cantidades bastante menores, necesarias para superar ese insultante 0’25 % con el que pretenden seguir asfixiándolos un año más.

Han declarado la guerra a 10 millones de personas, creyendo que son un ejército cansado que pronto caerá derrotado. Utilizan todo su arsenal: la mentira, la hipocresía y sobre todo, el miedo. Son expertos en amenazas latentes que paralicen al adversario. En alimentar la idea de que las protestas son peligrosas e inútiles. También en refugiarse detrás de un puñado de “expertos” que venderán humo a precio de saldo. O en fomentar divisiones que debiliten. Si se tercia, cambiarán de estrategia y pretenderán firmar una falsa tregua, con propuestas tan traidoras como tramposas. Todo vale, porque el botín es grande: hacerse con el pastel de las pensiones públicas y cocinar el de las privadas, que implican riesgos cuidadosamente obviados y que, sobre todo, no están al alcance de cualquiera, por lo que rompen en mil pedazos el imprescindible principio de solidaridad que nos hace fuertes.

Gran equivocación la suya. No se dan cuenta de que se les están viendo las vergüenzas, es decir, la causa última generadora del problema que no es más que un reparto absolutamente desigual de la riqueza de este país, hecho causante de la insuficiencia de fondos para financiar servicios públicos esenciales. De ahí, la urgente necesidad de una reforma fiscal que evite que la riqueza española se distribuya en torno a un 46% para el trabajo y un 54% para el capital, mientras que el 75% de los impuestos (IRPF e IVA) se liquide por la clase trabajadora y sólo el 25% corresponda al capital (Miren Etxexarreta, UAB).

Vayan con cuidado los privilegiados, los aprovechados, las élites económicas y políticas que defienden un mundo hecho a su medida. También quienes defienden fielmente sus intereses, con mentiras y artimañas. Frente a ellos tienen a los pensionistas que nada tienen que perder. A la juventud, que lo tiene todo por ganar. Y a las mujeres, las más pobres entre los pobres, que ya han demostrado que no quieren ser la abuelita de Caperucita, sino más bien el lobo feroz.