DENUNCIA A PAMELA PALENCIANO

Pamela Palenciano  es una monologuista, comunicadora y activista feminista española, reconocida internacionalmente por su monólogo “No sólo duelen los golpes” en el que relata una experiencia de pareja en la que se vive el maltrato derivado de relaciones que se sustentan en la desigualdad y el sometimiento. Un monólogo que no tiene mucho de gracioso, pero que posee una enorme capacidad de impactar en la conciencia personal tan selectiva a veces, en la sensibilidad individual, en ocasiones tan apelmazada como las toallas sin suavizante, marcando un sello indeleble que les ayudará a leer la realidad en clave de libertad y de justicia. Posee una de las principales cualidades reconocidas a la cultura y el arte que es la capacidad de emocionar, de conmover, de abrir ventanas a otras experiencias, a otras vivencias desde un análisis sin concesiones, ni complejos.

no solo duelen

Obtiene entradas considerables y  nadie, excepto los despistados que creen  que van  a ver algo tipo Martes y Trece, sale decepcionado. El monólogo es duro, hiriente, muy gráfico y enormemente impactante. No es una novedad. Lo ha paseado y aún continua, por multitud de locales, teatros, colegios, universidades, salas pequeñas y es de suponer que Plazas de toros si hubiera habido ocasión. Porque lo cierto es que es una herramienta eficaz para conseguir el activo rechazo social, que es condición previa para desactivar el mecanismo que arma a los maltratadores y a quienes lo justifican o disculpan de forma más o menos descarada. Especialmente recomendable para la gente joven que recibe un mensaje necesario y comprensible.

Sucede, sin embargo, que en este país, que algunos pretenden pintar de gris, imponiendo un fondo musical de marcha militar, la actriz y su espectáculo han sido denunciados. Directivos de una llamada Asociación Europea de ciudadanos, especializados en alimentar el odio, en intoxicar y faltar a la verdad, presentan una denuncia, concretamente contra lo que ellos llaman “charlas de odio y adoctrinadoras”, que se amplia a la Universidad de Valencia y a todos los centros educativos que prestando sus instalaciones se hayan hecho cómplices del presunto delito.

Equivocados no andan del todo aunque el odio sólo está presente en el espectáculo cuando lo protagonizan hombres cuya crueldad explícita cuando golpean, abusan y asesina, no les hace ganarse simpatías precisamente. Pero hay una clara línea definitoria que acota a estos machitos criminales y excluye a todos los demás hombres, aliados, compañeros y amigos, merecedores de toda nuestra estima.

La denuncia tiene su lógica si se tiene en cuenta que el sentido del humor es enormemente peligroso para quienes se esconden en solemnes banderas o en rígidos principios y pretenden además que su menú nos lo comamos todos y todas, nos guste o no, convencidos mediante demagogia o persuadidos mediante la fuerza bruta, algo que les resulta indiferente.

Y cobra más sentido, cuando se inscribe en la fortísima reacción que pretende cuestionar los recursos asignados para evitar que sigan asesinando a las mujeres, justo cuando parecía que la violencia machista ya era una vergüenza social, asumida colectivamente, frente a la que no valían excusas.

Lo cierto es que no han entendido nada. Porque el monólogo de Pamela Palenciano, no habla de odio, sino de amor. Amor a la propia persona, ese que muchas mujeres necesitan desarrollar y robustecer para poder sobrevivir escapando de situaciones críticas frente a las que están desarmadas. Amor a la humanidad, a la gente decente que no consiente y sobre todo, amor a la vida, esa que sólo debería ser vivida desde la felicidad compartida.

FEMINAZIS Y KALE BORROKA

Esta misma semana  muchas personas se reunieron ante las puertas de su  Ayuntamiento. Parecían gente normal, civilizada, pero algunos, desde las tierras del Sur, les llamaron “feminazis” practicantes de la kale borroka, lo cual puede resultar ciertamente algo preocupante, a estas alturas y en estas latitudes.

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Lo cierto es que “feminazis”  es un término utilizado en sentido peyorativo en contra del feminismo argumentando que el feminismo no busca la igualdad entre hombres y mujeres sino la supremacía femenina. Dado que  es seguro que una encuesta entre las personas asistentes hubiera dado abrumadora mayoría a quienes apuestan por la igualdad de derechos sin ningún tipo de privilegios, el término resulta claramente inapropiado y se convierte en insulto y descalificación gratuita.

Lo de la kale borroka es todavía más cómico, porque considerar que esa ciudadanía tan pacifica como respetable practica esta forma de lucha, de  connotaciones tan rechazables,   es más bien incongruente. Aunque también es cierto que su traducción literal, lucha en la calle, no es totalmente ajena a los planteamientos que entienden que es en la calle donde se pelean los derechos y se denuncian las injusticias, aunque siempre, por supuesto, con respeto  al mobiliario  público y a las normas de urbanidad.

En conclusión, ningún feminazi y nada de kale borroka en la calles de tantas ciudades. Solo gente preocupada e interesada en manifestar que ante discursos basados  casi en el odio al diferente, al vulnerable,  no hay intención de callar y otorgar ningún tipo de concesión que nos haga retroceder unas cuantas décadas.

Y es que este país tiene una tendencia innata a mirar por el retrovisor y añorar tiempos pasados., en una especie de “Cuéntame” permanente. Sucede que es demasiado habitual dar tres pasos adelante y uno atrás, haciendo retroceder  los avances que nos convierten en un país moderno que habitamos con orgullo.

 Pasó, por ejemplo, con la libertad de expresión que parecía ya un derecho reconocido y consolidado, pero se cuestiona de repente con una Ley que implica  el retorno a una época negra donde las opiniones debían ser uniformes y el pensamiento único.

O con el derecho a formar familias diferentes,  sin meterse en la cama de nadie,  un reconocimiento  que nos etiquetó como país pionero en el respeto a la diversidad y ahora se vuelve a poner en duda.

O con la interpretación de la Historia, que es una y no veintiuna, y parecía ya ofrecer un relato indiscutible, que sin embargo quienes discuten  la Ley de  memoria histórica quieren seguir negando.

Y sobre todo con los derechos de las mujeres, que el pasado año ocuparon las calles de todo un país que se declaró feminista en una demostración de potencia transformadora que conmovió conciencias, en una fiesta de la democracia y la convivencia que unió,  y mira que eso es difícil, a todo el personal patrio, indiferentemente de su ubicación  política o ideológica, edad, raza y  clase social. Pero hoy se proponen medidas que son toda una declaración de guerra y se disfrazan con lazos, siempre de color rosa.

Somos un país lleno de demonios que emergen a poco que se lo permitamos. Con una preocupante bipolaridad que igual nos hace ser libertarios, generosos y modernos como nos convierte en personajes autoritarios, mezquinos y muy rancios. Somos a veces de vísceras, y otras,  puro corazón. Ojalá en esa batalla de las ideas y las emociones, identifiquemos con claridad  las voces tenemos que ahogar porque solo nos llevan al odio y la infelicidad.