AUTOCRÍTICA FALLERA

Ya han brotado como setas en los rincones de la ciudad esos monumentos  falleros con fecha de caducidad que se alzan más o menos poderosos, según el capital invertido, lanzando críticas irreverentes y gamberras que a estas alturas a nadie asustan, ni molestan.. Y si lo hacen, ya pondrán  cuidado en disimularlo, porque no hay escudos protectores que permitan a nadie estar blindado frente a la mirada ácida del mundo fallero. Seas autoridad, eclesiástica o política, o si formas parte del famoseo local,  nadie te salva de recibir lo tuyo, sobre todo si durante el año te has puesto a tiro, cometiendo más errores de los permitidos.

 Son fallas y la ciudad cambia de aspecto en un plis plas. Y las calzadas se convierten en aceras donde todo el mundo transita con alegría y los semáforos parecen postes que guiñan el ojo, sin que nadie les haga ni puñetero caso. Es el momento de la anarquía, de ese caos asumido en el que la movilidad sostenible, eso de organizar los traslados urbanos respetando el derecho de las personas, se convierte en una utopía, aunque por otra parte, los coches, el eterno enemigo,  es absolutamente derrotados en estos días en los que han de tomarse un descanso obligado. falleras

Es la semana donde algunos añoran el silencio de un monasterio de frailes con voto de silencio, porque aquí  el ruido, el ruido tonto e innecesario, se convierte en un fondo obligado a casi todas las horas del día. Buena culpa la tienen las criaturas que  van tirando esas bombetas ridículas que los preparan para cuando les toque y crezcan,  y  les sea permitido  tirar unos  petardos ensordecedores y mucho más peligrosos.

Es la fiesta valenciana por excelencia, que muchos esperan todo el año para vivirla a todo tren. Pero en todo caso, la diversión no está reñida con la reflexión,  y la capacidad de juicio y razonamiento no debe desaparecer frente a estímulos lúdicos por muy ruidosos que sean éstos. Tampoco se hace ningún favor a la Fiesta si nos empeñamos en no aplicarle la misma mirada crítica que las Fallas utilizan al analizar la realidad que las rodea.

La Universidad de Valencia ha realizado recientemente un Informe que analiza  las Fallas de la ciudad de València desde una perspectiva de género. Y sus conclusiones son previsibles.

Dice el estudio que en Valencia, la presidencia de las más de 200 fallas plantadas  la ostentan hombres en el 88% de los casos,  con porcentajes similares en las vicepresidencias. La competencia de la Tesorería ya va siendo desempeñada por más mujeres aunque  ellas son abrumadora mayoría en la delegación de infantiles. No solo la organización, sino también los monumentos responden a una realidad que pone en el centro a los hombres. En el 48% de los casos, los remates que es la parte con más visibilidad que corona las fallas,  representa a hombres. El 71% de los ninots representan a varones y cuando son figuras femeninas, en el 63% de los casos son hembras, que no mujeres, hipersexualizadas hasta la caricatura.

No se trata de amargar la fiesta a nadie, ni de negar que  se detectan señales muy positivas del compromiso con la igualdad del mundo fallero.  Se podría decir que el objetivo es dar una ración de su propia medicina a la fiesta fallera, para que se autoanalice con la misma frescura y sinceridad que utiliza en sus análisis externos. El esfuerzo quizás pique un poco, pero seguro que redundará en una fiesta más igualitaria y por eso, más justa y con un enorme futuro por delante.

Anuncios

NO HAGAN HUELGA

No. No debe hacerla si cree usted firmemente que las mujeres mienten, que los medios de comunicación mienten, que los organismos internacionales mienten, cuando afirman que, en el mundo, 130 millones de niñas son mutiladas genitalmente o que 1400 mujeres mueren al día por causas relacionadas con el embarazo. No debe hacer huelga si se la trae al pairo que sean niñas entre 13 y 18 años el lucrativo producto que abastece la industria del sexo, ya saben, esa que no se menciona pero de la que hacen uso cuatro de cada diez hombres de este país. Si no le impresiona que España se denuncie una violación cada cinco horas, ni le asquea que haya diez denuncias diarias por abusos IMG_20180209_000754sexuales a menores, no tenga ninguna duda, esta huelga no es para usted.

Quizás es usted persona de poca imaginación a la que solo preocupa lo inmediato, su experiencia cercana y personal. Quizás en su entorno, las mujeres que estima, esas de las que se siente orgulloso y desea que tengan la mejor vida posible, tengan el empleo que merecen, cobren por su trabajo un salario justo, y disfruten contratos estables que les permitan tener proyectos de vida digna. Puede que no conozca a ninguna de esas que, después de formarse durante años, no encuentra salida profesional acorde con sus capacidades porque sólo le ofrecen contratos de menos de una semana (el 30% de éstos, los ocupan mujeres), o a tiempo parcial (tres de cada cuatro son para ellas), o simplemente no lo encuentran porque son menos aprovechables para las empresas por la hipotética “amenaza” de su maternidad. Es posible que esté dotado de la virtud de la paciencia y crea conveniente esperar los 170 años que dice la ONU que son necesarios para cerrar la brecha salarial entre mujeres y hombres. O que no le parezca mal que tres de cada cuatro mujeres en paro tengan que vivir con menos de 430 euros al mes. Tal vez no conozca usted ningún caso de mujeres que se han pasado la vida cuidando criaturas, personas enfermas o dependientes en las que han invertido toda su energía, condicionando su propia vida y asumiendo con generosidad una tarea en la que no han tenido casi ayuda, ni reconocimiento. Quizás no ha sentido nunca vergüenza viendo anuncios donde las mujeres son mercancía o descarado objeto de negocio.

De verdad, no debe usted participar en las manifestaciones previstas para el 8 de Marzo si cuando asesinan mujeres, cuando las atropellan, las tiran al vacío o les rompen la cabeza usted tiene la plena convicción de que es una desgracia inevitable ante la que solo cabe la resignación. O incluso sospecha que puede haber razones justificativas que provocan la pérdida de control de hombres que luego algunos califican de amables vecinos. Algunos creen que todo es una gigantesca conspiración mentirosa. En este

caso, sin duda alguna, esta huelga no es la suya. No se junte con gente que opina de forma diametralmente opuesta y que está dispuesta a hacer las huelgas que sean necesarias y a participar en las manifestaciones que haga falta para frenar esa violencia machista que consideran intolerable.

Hay contundentes razones para no participar en la huelga de este 8 Marzo. Sólo hay que dejarse caer en el sillón, ponerse las necesarias vendas en los ojos y cerrar el corazón a realidades insoportables que mas vale ignorar. Pero se corre el riesgo de que al final ese sillón se convierta en cárcel, esas vendas nos dejen ciegos y el corazón sea sólo un músculo funcionando en personas que, en realidad, están muertas.

FEMINAZIS Y KALE BORROKA

Esta misma semana  muchas personas se reunieron ante las puertas de su  Ayuntamiento. Parecían gente normal, civilizada, pero algunos, desde las tierras del Sur, les llamaron “feminazis” practicantes de la kale borroka, lo cual puede resultar ciertamente algo preocupante, a estas alturas y en estas latitudes.

feminazis 2

Lo cierto es que “feminazis”  es un término utilizado en sentido peyorativo en contra del feminismo argumentando que el feminismo no busca la igualdad entre hombres y mujeres sino la supremacía femenina. Dado que  es seguro que una encuesta entre las personas asistentes hubiera dado abrumadora mayoría a quienes apuestan por la igualdad de derechos sin ningún tipo de privilegios, el término resulta claramente inapropiado y se convierte en insulto y descalificación gratuita.

Lo de la kale borroka es todavía más cómico, porque considerar que esa ciudadanía tan pacifica como respetable practica esta forma de lucha, de  connotaciones tan rechazables,   es más bien incongruente. Aunque también es cierto que su traducción literal, lucha en la calle, no es totalmente ajena a los planteamientos que entienden que es en la calle donde se pelean los derechos y se denuncian las injusticias, aunque siempre, por supuesto, con respeto  al mobiliario  público y a las normas de urbanidad.

En conclusión, ningún feminazi y nada de kale borroka en la calles de tantas ciudades. Solo gente preocupada e interesada en manifestar que ante discursos basados  casi en el odio al diferente, al vulnerable,  no hay intención de callar y otorgar ningún tipo de concesión que nos haga retroceder unas cuantas décadas.

Y es que este país tiene una tendencia innata a mirar por el retrovisor y añorar tiempos pasados., en una especie de “Cuéntame” permanente. Sucede que es demasiado habitual dar tres pasos adelante y uno atrás, haciendo retroceder  los avances que nos convierten en un país moderno que habitamos con orgullo.

 Pasó, por ejemplo, con la libertad de expresión que parecía ya un derecho reconocido y consolidado, pero se cuestiona de repente con una Ley que implica  el retorno a una época negra donde las opiniones debían ser uniformes y el pensamiento único.

O con el derecho a formar familias diferentes,  sin meterse en la cama de nadie,  un reconocimiento  que nos etiquetó como país pionero en el respeto a la diversidad y ahora se vuelve a poner en duda.

O con la interpretación de la Historia, que es una y no veintiuna, y parecía ya ofrecer un relato indiscutible, que sin embargo quienes discuten  la Ley de  memoria histórica quieren seguir negando.

Y sobre todo con los derechos de las mujeres, que el pasado año ocuparon las calles de todo un país que se declaró feminista en una demostración de potencia transformadora que conmovió conciencias, en una fiesta de la democracia y la convivencia que unió,  y mira que eso es difícil, a todo el personal patrio, indiferentemente de su ubicación  política o ideológica, edad, raza y  clase social. Pero hoy se proponen medidas que son toda una declaración de guerra y se disfrazan con lazos, siempre de color rosa.

Somos un país lleno de demonios que emergen a poco que se lo permitamos. Con una preocupante bipolaridad que igual nos hace ser libertarios, generosos y modernos como nos convierte en personajes autoritarios, mezquinos y muy rancios. Somos a veces de vísceras, y otras,  puro corazón. Ojalá en esa batalla de las ideas y las emociones, identifiquemos con claridad  las voces tenemos que ahogar porque solo nos llevan al odio y la infelicidad.

NOSOTRAS, LAS MUJERES

Nosotras las mujeres, ya no aguantamos más. Hartas de venir al mundo, a veces con la mala suerte de caer en países donde nos sacrifican antes de nacer, porque somos bocas que no producen y que hay que alimentar. O donde nos casan en plena infancia, o nos mutilan o nos venden para el placer ajeno usando nuestros cuerpos sin permiso, sin preguntas, sin compasión.

Hartas de venir al mundo para parir criaturas como conejas como obligación impuesta por intereses ajenos. O para no parirlas porque no vamos a poder sacarlos adelante. O para hacerlo por encargo como negocio que a otros produce dividendos, a costa de convertir nuestro cuerpo en mercancía, en campo de batalla, en maquinaria de producción.el dia que

Hartas de un mercado laboral difícil para cualquiera, pero especialmente para nosotras a quien nos cierra la puerta en las narices a pesar de nuestra sobrada cualificación. Que nos ofrece salarios de miseria, doblemente humillantes porque son de cuantía inferior a los que otros perciben por trabajos de igual valor. Que debemos siempre demostrar el doble para conseguir la mitad, alcanzar siempre la excelencia y nunca, jamás sentirnos integrantes de pleno derecho del mundo laboral, sino sólo invitadas generosamente tratadas y por ello permanentemente agradecidas.

Ya no podemos más. Hartas de desempeñar unas funciones perfectamente delimitadas, absolutamente esenciales y completamente invisibilizadas. No podemos con jornadas dobles y triples. Dentro y fuera de la casa. Responsables del trabajo que sostiene el mundo, que nadie cuantifica, que nadie reconoce, que nadie paga. Ya no aceptamos poemas, ni elogios, ni palabras como premio a esa abnegación obligatoria que aprendemos desde la culpa y la responsabilidad asfixiante. Ya no nos vale.

Nosotras, las mujeres, estamos muy hartas de ser valoradas a peso , sólo por nuestra imagen, de ser objeto de exhibición y manipulación o convertidas en objetos, carentes de alma y de derechos que cualquiera puede utilizar para hacerse propaganda, para lanzar el mensaje que necesite para enriquecerse un poco más.

Nosotras, las mujeres ya no aguantamos más los manoseos, las agresiones, los abusos. No aceptamos que cuestionen nuestras denuncias, que duden de nuestra versión frente a esa otra que siempre existe, en la que nosotras somos las embusteras, las farsantes, las ignorantes, las exageradas o cargantes.

No toleraremos ni un día más esa falsa moral que nos exige encarnar al mismo tiempo la virtud y el vicio. Que nos ensalza y nos destroza. Que no mira por nosotras, sino a través de nosotras, sin vernos en realidad. No necesitamos más favores. Ni piropos, ni protección. Queremos derechos. Todos los derechos. Ni uno más que el resto de la Humanidad, pero tampoco ni uno menos.

Sobre todo el derecho a vivir. Sin verdugos, sin machismo criminal que nos extermina, una a una, día a día, cuando ve que sacamos los pies del plato y queremos bajar del pedestal en que nos colocan para adorarnos y explotarnos.

El 8 de Marzo vamos a salir a la Huelga, vamos a tomar las calles. Con alegría, con dignidad, con convencimiento, con mucho orgullo. Porque no vamos a pisar a nadie sino a dejar nuestra huella. Vamos a gritar, a cantar, a bailar y a dejar de trabajar. En todos los espacios y en todas nuestras tareas. Las visibles y las invisibles. Las que se pagan con salarios y las que hacemos sin retribución. Queremos hacernos ver. Queremos dejar de ser ignoradas, ninguneadas, olvidadas, penalizadas.

Nosotras, las mujeres, estamos hartas. Ni un día más. Ni una menos. Por nuestras hijas y nuestras nietas. Por las que, antes de nosotras, salieron a las calles y arrancaron el derecho a vivir, a trabajar, a votar. Para proclamar que si las mujeres paran, el mundo para, porque somos nosotras las que movemos el mundo.

NO HAY JUGUETES SEXISTAS

No hay juguetes sexistas, sino gente adulta empeñada en decirles a las niñas y a los niños cómo y con qué han de jugar.  O folletos comerciales que parecen libros de instrucciones donde se prescribe a cada menor, según el sexo con el que haya venido al mundo,  el juguete que le conviene, prohibiendo terminantemente disfrutar con el  que no corresponda.

Tiene que ser terrible, si es que tenemos capacidad de imaginarlo, ser varón, pequeñito pero con personalidad,  y tener una extremada afición a jugar con muñecas o a pintarse las uñas de mil colores. Agobiante es,  a edades en que  la elección de colores  es tan importante,  ser fan del color rosa y sentirse literalmente enterrado bajo el azul celeste que conviene a los chicos. O ser niñita con pasión por tocar  la batería, y no la de cocina.  Porque nadie respeta esas preferencias que son tratadas como una amenaza para el triunfo social y personal de la inocente criatura.

 

Somos tan reiterativos  los adultos en nuestros errores y prejuicios…Nos repiten continuamente, y lo olvidamos con toda facilidad,   que el juego forja a las criaturas, que les enseña su lugar en el mundo, que les hace apreciar sus capacidades y talentos…Sabemos que machacar al machismo implica la no imposición de roles y estereotipos que empiezan por los colores, siguen con las aficiones y acaban con las profesiones. Tu, piloto. Ella, enfermera.

Pero nos empeñamos en olvidar que no son cuestiones menores, ni banales porque la niña a la que se educa para ser princesa, tendrá menos defensas ante quien quiera encerrarla en una jaula de oro. O el chiquitín al que se le haga creer que los hombres siempre  mandan y logran lo que quieren, porque son fuertes y triunfadores,  acabará creyendo que las niñas  no tienen derecho a disfrutar de la vida y los derechos que a él sí que están destinados.

Exigimos educación en igualdad con pasión y reiteración. Y luego olvidamos rápidamente que las criaturas no viven en una burbuja  sino en sociedad, educados por  la tribu, que es quien envía  mensajes machacones que conforman nuestra forma de ser y de relacionarnos. Por eso deberíamos  aprovechar el juego y la cultura del regalo para  educar en los  valores que defendemos a muerte ante cada víctima de la violencia machista. Sin imponer juegos, ni  prohibir a nadie la libre expresión de sus preferencias, sino al contrario, neutralizando esas miradas maliciosas que, a veces,  reciben las criaturas que juegan a lo que les da la gana, sin que les importe en absoluto llevar bragas o calzoncillos.

Es lo mismo que  sucede con las palabras, con el lenguaje que utilizamos. Nos resultan pesadas, a veces insufribles,  esas maníacas  que insisten, persisten y nunca desisten de exigir un lenguaje igualitario que nombre a las mujeres. Esas,  que parecen obsesionadas  con ese masculino lingüístico que les quita el sueño, cuando en realidad (se dice uno)   siempre hemos hablado así. Y no se quiere ver que contra el machismo solo funciona la igualdad. Una igualdad por la que se ha de apostar de forma permanente, sin que valgan excepciones o renuncias. Que se ignora especialmente a la hora de hablar, porque hablando construimos la  realidad, y si en ésta no tienen cabida las mujeres, malamente podrán ser reconocidas como seres humanos de iguales derechos.

NIÑAS AL PODER

Esta pasada semana se celebró el día de la Niña auspiciado por la ONU con el objetivo de reconocer los derechos de las niñas y los problemas excepcionales que las niñas confrontan en todo el mundo.NIÑAS2

Antes de alguno se soliviante y reclame indignado el Día del Niño, del Viejo, del Adolescente y del recién nacido, vendría bien recordar algunos de esos problemas excepcionales que las niñas del mundo tienen que enfrentar.

Según la OMS, que no tienen nada de partidista ni feminista, 1/3 de todas las niñas del mundo afirma que su primera relación sexual fue una violación y a día de hoy, 7’5 millones de mujeres de todo el mundo son casadas cada año contra su voluntad. Por eso y no por otra razón a día de hay cerca de 700 millones de mujeres están casadas con quien no eligieron sin posibilidad alguna de escapar de una condena que no han hecho nada por merecer.

Dice la ONU que cada 10 minutos, en alguna parte del mundo, que no es obligatoriamente el Tercer Mundo, ni los países subdesarrollados, una adolescente pierde la vida a causa de la violencia sexual (violaciones, trafico y esclavitud sexual, secuestros). Porque esas cosas no pasan en las películas, para lucimiento del superman de turno, sino que suceden en la vida real, donde superman no existe y las historias son tan duras y crueles que la ficción no llega nunca a retratarlas en toda su dimensión.

Por su parte, ONU MUJERES, que sí que es una agencia gubernamental especializada en investigar y analizar de la situación de las mujeres, afirma que 2600 millones de mujeres y niñas viven en países donde la violación en el matrimonio NO esta penalizada. De hecho, solo conlleva castigo expreso en 52 países de todo el mundo así que en los restantes, las mujeres tienen que aceptar la amarga experiencia, que en nuestra bendita sociedad nos parece repugnante y absolutamente inadmisible, como una posibilidad que forma parte de su identidad de mujer

Por último no se puede dejar de señalar que hay 133 millones de niñas en 29 países de Africa y Oriente Medio que han sido sometidas a la mutilación genital femenina. Una “operación” que no tiene nada de cirugía ni de protección de la salud, sino que es una forma de agresión, especialmente cruel y dolorosa, que se practica a las mujeres y que hace peligrar su vida, causa graves secuelas y se hace con el único fin de prepararlas para que puedan ser elegidas por los hombres.

Son muchas cifras y muchos millones, si. Es un bosque tan grande, que quienes estamos ubicados en una cómoda sombra no somos capaces de imaginarlo. Pero son personas, todas ellas son personas que nacieron con derechos que se les niegan metódicamente.

Nosotros conocemos a niñas, que despiertan cada día entre algodones, Que son queridas, atendidas, cuidadas. A las que educamos para que ocupen en la vida el lugar que deseen. A las que intentamos librar de peligros y amenazas. Nuestras niñas nacen en un lugar infinitamente menos cruel que el que existe en otros lugares del mundo. Es cierto.

Pero , no obstante, también ellas tienen pruebas que superar. Y lo importante no es que vistan de rosa o con falda, que también, sino que esta sociedad desarrollada donde en teoría se vive en igualdad no les haga trampas para que pierdan la partida de su vida.

Porque podría pasar que de tanto repetírselo, entendieran que necesitan ser lindas y guapas para progresar y se convirtieran en esclavas de su imagen. Podría ser que aprendieran que son seres incompletos que necesitan de un ser masculino que las complete y de sentido a sus vidas. Y que se queden esperándolo hasta la eternidad.

Podría suceder que no encuentren ayuda, apoyo o medios para ser aquello que quieren ser. Y que tengan que sacrificar su vocación y olvidar sus talentos para poder ocuparse en aquello que realmente quieren. No sería raro que encontraran un trabajo donde sus compañeros varones cobraran mejor salario por el mismo trabajo. O donde han de someterse a rangos y jerarquías que siempre les pasan por encima. Pudiera ser que les tocara vivir reventadas por la obligación de sacar adelante sus familias y mantener su estatus laboral. También podría pasar que las agredieran sexualmente o que las acosara un jefe baboso en su lugar de trabajo. Pasa muy a menudo, aunque se dice poco.

En fin, en su inmensa mayoría nuestras niñas no serán obligadas a casarse con un desconocido, ni mutiladas genitalmente, ni deberán prostituirse o serán objeto de trata como si fueran animales. No pasará eso, es verdad y nos alegramos por ello. Pero con todo, habrán de afrontar miserias y amenazas que deberán superar, por ser niñas, por ser mujeres.

De ahí el Día de la Niña, cuya celebración por estos motivos, ojalá algún día deje de tener sentido

EL NEGOCIO DE LA MUJER OBJETO

Uno de los mejores abonos para alimentar el  machismo que la ciudadanía de Xàtiva y buena parte de sus representantes municipales condenan los días 25  de cada mes en la puerta del Ayuntamiento, es la cosificación de las mujeres. Tal palabro define el procedimiento por el cual se convierte a las mujeres en objetos, a ser posible de bonita apariencia,  aunque no del todo inanimados porque un poco de ánimo marchoso siempre viene bien  para el objetivo buscado.

cosificacion

Éste es su explotación como fuente de negocio y beneficio,  como no podía ser de otra manera en esta sociedad mercantilizada donde todo se compra y se vende  . Y a esa finalidad,  prioritaria y descarada,  se subordina todo los demás: principios,  valores, creencias… En un mundo donde el dinero es la medida de casi todas las cosas, las mujeres son muy útiles para proporcionar, convenientemente cosificadas, pingües beneficios en innumerables negocios.

Así sucede, ya sea como usuarias de florecientes industrias derivadas de la más cruda tiranía estética, o como producto en venta  mediante la utilización de su cuerpo por partes, según su  uso y aprovechamiento: la vagina para el placer (en la prostitución) o el útero para parir (en las maternidades por encargo).  Sin olvidar otros tipos de explotación que, por su carácter más habitual, parecen menores: entrada gratis de las chicas en las discotecas como reclamo sexual, publicidad  sexista llena de piernas y escotes de imposible relación con el producto a promocionar …

También es cosificar, esa tendencia en apariencia inocente, de convertir a las mujeres en símbolos llamadas mises, reinas o festeras, con funciones de representación del  resto de la especie femenina .Cualquiera  sirve para personificarlas a todas, como si lo que tuvieran en común las mujeres no pasara de un diseño biológico básico, despreciando las cualidades y creencias , que son las que realmente  nos asignan  cualidad de seres humanos individuales.

Deriva también en la existencia de  profesiones tan curiosas como azafatas o paragüeras cuya función consiste  básicamente en lucir palmito, reuniendo requisitos tan curiosos como calzar un 38, amén de ser extrovertidas y simpáticas. Condiciones  absolutamente necesarias como todo el mundo sabe, para llevar un paragüas, durante tres días, de 8 a 18 horas, por 100 euros. Una oferta laboral que indudablemente no se puede rechazar.

Con todo, hoy  peligran  algunas de estas mal llamadas tradiciones, cuyo mérito está por demostrar. Así los australianos han sido los primeros en ofrecer a los ciclistas que participan en la   Tour Down Under, un ramito de flores pero no una muñeca de plástico. También en la Vuelta ciclista al País Vasco se han tomado medidas en igual sentido a las que se ha sumado el Ayuntamiento de Jerez,  desatando una agria polémica, como siempre ocurre cuando se tocan estos temas relativos a las mujeres, en los que no suele primar la sensatez sino el derecho de cualquiera  a opinar desde las vísceras.

En la Fira de  Xàtiva, en 2015 y 2016,  se pudo ver con motivo de la muy masculina carrera de motos, un ramillete de jovencitas,  en la calle y en formación militar, uniformadas con pantaloncillo escaso y camiseta blanca,  en algunos casos de talla inexplicablemente inferior a la necesaria,  que posaban sonrientes con el motero ganador o sujetaban paragüas para que las motos no sufrieran con el calor.

Es de esperar  que esta tradición por lo menos, desaparezca este año. Como desapareció la de tirar patos del campanario o ir a lavar la ropa al lavadero.  Más que nada por comprobar que esta  ciudad no va de farol y no quiere perder en su apuesta por la igualdad.cosificacion