FEMINAZIS Y KALE BORROKA

Esta misma semana  muchas personas se reunieron ante las puertas de su  Ayuntamiento. Parecían gente normal, civilizada, pero algunos, desde las tierras del Sur, les llamaron “feminazis” practicantes de la kale borroka, lo cual puede resultar ciertamente algo preocupante, a estas alturas y en estas latitudes.

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Lo cierto es que “feminazis”  es un término utilizado en sentido peyorativo en contra del feminismo argumentando que el feminismo no busca la igualdad entre hombres y mujeres sino la supremacía femenina. Dado que  es seguro que una encuesta entre las personas asistentes hubiera dado abrumadora mayoría a quienes apuestan por la igualdad de derechos sin ningún tipo de privilegios, el término resulta claramente inapropiado y se convierte en insulto y descalificación gratuita.

Lo de la kale borroka es todavía más cómico, porque considerar que esa ciudadanía tan pacifica como respetable practica esta forma de lucha, de  connotaciones tan rechazables,   es más bien incongruente. Aunque también es cierto que su traducción literal, lucha en la calle, no es totalmente ajena a los planteamientos que entienden que es en la calle donde se pelean los derechos y se denuncian las injusticias, aunque siempre, por supuesto, con respeto  al mobiliario  público y a las normas de urbanidad.

En conclusión, ningún feminazi y nada de kale borroka en la calles de tantas ciudades. Solo gente preocupada e interesada en manifestar que ante discursos basados  casi en el odio al diferente, al vulnerable,  no hay intención de callar y otorgar ningún tipo de concesión que nos haga retroceder unas cuantas décadas.

Y es que este país tiene una tendencia innata a mirar por el retrovisor y añorar tiempos pasados., en una especie de “Cuéntame” permanente. Sucede que es demasiado habitual dar tres pasos adelante y uno atrás, haciendo retroceder  los avances que nos convierten en un país moderno que habitamos con orgullo.

 Pasó, por ejemplo, con la libertad de expresión que parecía ya un derecho reconocido y consolidado, pero se cuestiona de repente con una Ley que implica  el retorno a una época negra donde las opiniones debían ser uniformes y el pensamiento único.

O con el derecho a formar familias diferentes,  sin meterse en la cama de nadie,  un reconocimiento  que nos etiquetó como país pionero en el respeto a la diversidad y ahora se vuelve a poner en duda.

O con la interpretación de la Historia, que es una y no veintiuna, y parecía ya ofrecer un relato indiscutible, que sin embargo quienes discuten  la Ley de  memoria histórica quieren seguir negando.

Y sobre todo con los derechos de las mujeres, que el pasado año ocuparon las calles de todo un país que se declaró feminista en una demostración de potencia transformadora que conmovió conciencias, en una fiesta de la democracia y la convivencia que unió,  y mira que eso es difícil, a todo el personal patrio, indiferentemente de su ubicación  política o ideológica, edad, raza y  clase social. Pero hoy se proponen medidas que son toda una declaración de guerra y se disfrazan con lazos, siempre de color rosa.

Somos un país lleno de demonios que emergen a poco que se lo permitamos. Con una preocupante bipolaridad que igual nos hace ser libertarios, generosos y modernos como nos convierte en personajes autoritarios, mezquinos y muy rancios. Somos a veces de vísceras, y otras,  puro corazón. Ojalá en esa batalla de las ideas y las emociones, identifiquemos con claridad  las voces tenemos que ahogar porque solo nos llevan al odio y la infelicidad.

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NOSOTRAS, LAS MUJERES

Nosotras las mujeres, ya no aguantamos más. Hartas de venir al mundo, a veces con la mala suerte de caer en países donde nos sacrifican antes de nacer, porque somos bocas que no producen y que hay que alimentar. O donde nos casan en plena infancia, o nos mutilan o nos venden para el placer ajeno usando nuestros cuerpos sin permiso, sin preguntas, sin compasión.

Hartas de venir al mundo para parir criaturas como conejas como obligación impuesta por intereses ajenos. O para no parirlas porque no vamos a poder sacarlos adelante. O para hacerlo por encargo como negocio que a otros produce dividendos, a costa de convertir nuestro cuerpo en mercancía, en campo de batalla, en maquinaria de producción.el dia que

Hartas de un mercado laboral difícil para cualquiera, pero especialmente para nosotras a quien nos cierra la puerta en las narices a pesar de nuestra sobrada cualificación. Que nos ofrece salarios de miseria, doblemente humillantes porque son de cuantía inferior a los que otros perciben por trabajos de igual valor. Que debemos siempre demostrar el doble para conseguir la mitad, alcanzar siempre la excelencia y nunca, jamás sentirnos integrantes de pleno derecho del mundo laboral, sino sólo invitadas generosamente tratadas y por ello permanentemente agradecidas.

Ya no podemos más. Hartas de desempeñar unas funciones perfectamente delimitadas, absolutamente esenciales y completamente invisibilizadas. No podemos con jornadas dobles y triples. Dentro y fuera de la casa. Responsables del trabajo que sostiene el mundo, que nadie cuantifica, que nadie reconoce, que nadie paga. Ya no aceptamos poemas, ni elogios, ni palabras como premio a esa abnegación obligatoria que aprendemos desde la culpa y la responsabilidad asfixiante. Ya no nos vale.

Nosotras, las mujeres, estamos muy hartas de ser valoradas a peso , sólo por nuestra imagen, de ser objeto de exhibición y manipulación o convertidas en objetos, carentes de alma y de derechos que cualquiera puede utilizar para hacerse propaganda, para lanzar el mensaje que necesite para enriquecerse un poco más.

Nosotras, las mujeres ya no aguantamos más los manoseos, las agresiones, los abusos. No aceptamos que cuestionen nuestras denuncias, que duden de nuestra versión frente a esa otra que siempre existe, en la que nosotras somos las embusteras, las farsantes, las ignorantes, las exageradas o cargantes.

No toleraremos ni un día más esa falsa moral que nos exige encarnar al mismo tiempo la virtud y el vicio. Que nos ensalza y nos destroza. Que no mira por nosotras, sino a través de nosotras, sin vernos en realidad. No necesitamos más favores. Ni piropos, ni protección. Queremos derechos. Todos los derechos. Ni uno más que el resto de la Humanidad, pero tampoco ni uno menos.

Sobre todo el derecho a vivir. Sin verdugos, sin machismo criminal que nos extermina, una a una, día a día, cuando ve que sacamos los pies del plato y queremos bajar del pedestal en que nos colocan para adorarnos y explotarnos.

El 8 de Marzo vamos a salir a la Huelga, vamos a tomar las calles. Con alegría, con dignidad, con convencimiento, con mucho orgullo. Porque no vamos a pisar a nadie sino a dejar nuestra huella. Vamos a gritar, a cantar, a bailar y a dejar de trabajar. En todos los espacios y en todas nuestras tareas. Las visibles y las invisibles. Las que se pagan con salarios y las que hacemos sin retribución. Queremos hacernos ver. Queremos dejar de ser ignoradas, ninguneadas, olvidadas, penalizadas.

Nosotras, las mujeres, estamos hartas. Ni un día más. Ni una menos. Por nuestras hijas y nuestras nietas. Por las que, antes de nosotras, salieron a las calles y arrancaron el derecho a vivir, a trabajar, a votar. Para proclamar que si las mujeres paran, el mundo para, porque somos nosotras las que movemos el mundo.

NO HAY JUGUETES SEXISTAS

No hay juguetes sexistas, sino gente adulta empeñada en decirles a las niñas y a los niños cómo y con qué han de jugar.  O folletos comerciales que parecen libros de instrucciones donde se prescribe a cada menor, según el sexo con el que haya venido al mundo,  el juguete que le conviene, prohibiendo terminantemente disfrutar con el  que no corresponda.

Tiene que ser terrible, si es que tenemos capacidad de imaginarlo, ser varón, pequeñito pero con personalidad,  y tener una extremada afición a jugar con muñecas o a pintarse las uñas de mil colores. Agobiante es,  a edades en que  la elección de colores  es tan importante,  ser fan del color rosa y sentirse literalmente enterrado bajo el azul celeste que conviene a los chicos. O ser niñita con pasión por tocar  la batería, y no la de cocina.  Porque nadie respeta esas preferencias que son tratadas como una amenaza para el triunfo social y personal de la inocente criatura.

 

Somos tan reiterativos  los adultos en nuestros errores y prejuicios…Nos repiten continuamente, y lo olvidamos con toda facilidad,   que el juego forja a las criaturas, que les enseña su lugar en el mundo, que les hace apreciar sus capacidades y talentos…Sabemos que machacar al machismo implica la no imposición de roles y estereotipos que empiezan por los colores, siguen con las aficiones y acaban con las profesiones. Tu, piloto. Ella, enfermera.

Pero nos empeñamos en olvidar que no son cuestiones menores, ni banales porque la niña a la que se educa para ser princesa, tendrá menos defensas ante quien quiera encerrarla en una jaula de oro. O el chiquitín al que se le haga creer que los hombres siempre  mandan y logran lo que quieren, porque son fuertes y triunfadores,  acabará creyendo que las niñas  no tienen derecho a disfrutar de la vida y los derechos que a él sí que están destinados.

Exigimos educación en igualdad con pasión y reiteración. Y luego olvidamos rápidamente que las criaturas no viven en una burbuja  sino en sociedad, educados por  la tribu, que es quien envía  mensajes machacones que conforman nuestra forma de ser y de relacionarnos. Por eso deberíamos  aprovechar el juego y la cultura del regalo para  educar en los  valores que defendemos a muerte ante cada víctima de la violencia machista. Sin imponer juegos, ni  prohibir a nadie la libre expresión de sus preferencias, sino al contrario, neutralizando esas miradas maliciosas que, a veces,  reciben las criaturas que juegan a lo que les da la gana, sin que les importe en absoluto llevar bragas o calzoncillos.

Es lo mismo que  sucede con las palabras, con el lenguaje que utilizamos. Nos resultan pesadas, a veces insufribles,  esas maníacas  que insisten, persisten y nunca desisten de exigir un lenguaje igualitario que nombre a las mujeres. Esas,  que parecen obsesionadas  con ese masculino lingüístico que les quita el sueño, cuando en realidad (se dice uno)   siempre hemos hablado así. Y no se quiere ver que contra el machismo solo funciona la igualdad. Una igualdad por la que se ha de apostar de forma permanente, sin que valgan excepciones o renuncias. Que se ignora especialmente a la hora de hablar, porque hablando construimos la  realidad, y si en ésta no tienen cabida las mujeres, malamente podrán ser reconocidas como seres humanos de iguales derechos.

NIÑAS AL PODER

Esta pasada semana se celebró el día de la Niña auspiciado por la ONU con el objetivo de reconocer los derechos de las niñas y los problemas excepcionales que las niñas confrontan en todo el mundo.NIÑAS2

Antes de alguno se soliviante y reclame indignado el Día del Niño, del Viejo, del Adolescente y del recién nacido, vendría bien recordar algunos de esos problemas excepcionales que las niñas del mundo tienen que enfrentar.

Según la OMS, que no tienen nada de partidista ni feminista, 1/3 de todas las niñas del mundo afirma que su primera relación sexual fue una violación y a día de hoy, 7’5 millones de mujeres de todo el mundo son casadas cada año contra su voluntad. Por eso y no por otra razón a día de hay cerca de 700 millones de mujeres están casadas con quien no eligieron sin posibilidad alguna de escapar de una condena que no han hecho nada por merecer.

Dice la ONU que cada 10 minutos, en alguna parte del mundo, que no es obligatoriamente el Tercer Mundo, ni los países subdesarrollados, una adolescente pierde la vida a causa de la violencia sexual (violaciones, trafico y esclavitud sexual, secuestros). Porque esas cosas no pasan en las películas, para lucimiento del superman de turno, sino que suceden en la vida real, donde superman no existe y las historias son tan duras y crueles que la ficción no llega nunca a retratarlas en toda su dimensión.

Por su parte, ONU MUJERES, que sí que es una agencia gubernamental especializada en investigar y analizar de la situación de las mujeres, afirma que 2600 millones de mujeres y niñas viven en países donde la violación en el matrimonio NO esta penalizada. De hecho, solo conlleva castigo expreso en 52 países de todo el mundo así que en los restantes, las mujeres tienen que aceptar la amarga experiencia, que en nuestra bendita sociedad nos parece repugnante y absolutamente inadmisible, como una posibilidad que forma parte de su identidad de mujer

Por último no se puede dejar de señalar que hay 133 millones de niñas en 29 países de Africa y Oriente Medio que han sido sometidas a la mutilación genital femenina. Una “operación” que no tiene nada de cirugía ni de protección de la salud, sino que es una forma de agresión, especialmente cruel y dolorosa, que se practica a las mujeres y que hace peligrar su vida, causa graves secuelas y se hace con el único fin de prepararlas para que puedan ser elegidas por los hombres.

Son muchas cifras y muchos millones, si. Es un bosque tan grande, que quienes estamos ubicados en una cómoda sombra no somos capaces de imaginarlo. Pero son personas, todas ellas son personas que nacieron con derechos que se les niegan metódicamente.

Nosotros conocemos a niñas, que despiertan cada día entre algodones, Que son queridas, atendidas, cuidadas. A las que educamos para que ocupen en la vida el lugar que deseen. A las que intentamos librar de peligros y amenazas. Nuestras niñas nacen en un lugar infinitamente menos cruel que el que existe en otros lugares del mundo. Es cierto.

Pero , no obstante, también ellas tienen pruebas que superar. Y lo importante no es que vistan de rosa o con falda, que también, sino que esta sociedad desarrollada donde en teoría se vive en igualdad no les haga trampas para que pierdan la partida de su vida.

Porque podría pasar que de tanto repetírselo, entendieran que necesitan ser lindas y guapas para progresar y se convirtieran en esclavas de su imagen. Podría ser que aprendieran que son seres incompletos que necesitan de un ser masculino que las complete y de sentido a sus vidas. Y que se queden esperándolo hasta la eternidad.

Podría suceder que no encuentren ayuda, apoyo o medios para ser aquello que quieren ser. Y que tengan que sacrificar su vocación y olvidar sus talentos para poder ocuparse en aquello que realmente quieren. No sería raro que encontraran un trabajo donde sus compañeros varones cobraran mejor salario por el mismo trabajo. O donde han de someterse a rangos y jerarquías que siempre les pasan por encima. Pudiera ser que les tocara vivir reventadas por la obligación de sacar adelante sus familias y mantener su estatus laboral. También podría pasar que las agredieran sexualmente o que las acosara un jefe baboso en su lugar de trabajo. Pasa muy a menudo, aunque se dice poco.

En fin, en su inmensa mayoría nuestras niñas no serán obligadas a casarse con un desconocido, ni mutiladas genitalmente, ni deberán prostituirse o serán objeto de trata como si fueran animales. No pasará eso, es verdad y nos alegramos por ello. Pero con todo, habrán de afrontar miserias y amenazas que deberán superar, por ser niñas, por ser mujeres.

De ahí el Día de la Niña, cuya celebración por estos motivos, ojalá algún día deje de tener sentido

EL NEGOCIO DE LA MUJER OBJETO

Uno de los mejores abonos para alimentar el  machismo que la ciudadanía de Xàtiva y buena parte de sus representantes municipales condenan los días 25  de cada mes en la puerta del Ayuntamiento, es la cosificación de las mujeres. Tal palabro define el procedimiento por el cual se convierte a las mujeres en objetos, a ser posible de bonita apariencia,  aunque no del todo inanimados porque un poco de ánimo marchoso siempre viene bien  para el objetivo buscado.

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Éste es su explotación como fuente de negocio y beneficio,  como no podía ser de otra manera en esta sociedad mercantilizada donde todo se compra y se vende  . Y a esa finalidad,  prioritaria y descarada,  se subordina todo los demás: principios,  valores, creencias… En un mundo donde el dinero es la medida de casi todas las cosas, las mujeres son muy útiles para proporcionar, convenientemente cosificadas, pingües beneficios en innumerables negocios.

Así sucede, ya sea como usuarias de florecientes industrias derivadas de la más cruda tiranía estética, o como producto en venta  mediante la utilización de su cuerpo por partes, según su  uso y aprovechamiento: la vagina para el placer (en la prostitución) o el útero para parir (en las maternidades por encargo).  Sin olvidar otros tipos de explotación que, por su carácter más habitual, parecen menores: entrada gratis de las chicas en las discotecas como reclamo sexual, publicidad  sexista llena de piernas y escotes de imposible relación con el producto a promocionar …

También es cosificar, esa tendencia en apariencia inocente, de convertir a las mujeres en símbolos llamadas mises, reinas o festeras, con funciones de representación del  resto de la especie femenina .Cualquiera  sirve para personificarlas a todas, como si lo que tuvieran en común las mujeres no pasara de un diseño biológico básico, despreciando las cualidades y creencias , que son las que realmente  nos asignan  cualidad de seres humanos individuales.

Deriva también en la existencia de  profesiones tan curiosas como azafatas o paragüeras cuya función consiste  básicamente en lucir palmito, reuniendo requisitos tan curiosos como calzar un 38, amén de ser extrovertidas y simpáticas. Condiciones  absolutamente necesarias como todo el mundo sabe, para llevar un paragüas, durante tres días, de 8 a 18 horas, por 100 euros. Una oferta laboral que indudablemente no se puede rechazar.

Con todo, hoy  peligran  algunas de estas mal llamadas tradiciones, cuyo mérito está por demostrar. Así los australianos han sido los primeros en ofrecer a los ciclistas que participan en la   Tour Down Under, un ramito de flores pero no una muñeca de plástico. También en la Vuelta ciclista al País Vasco se han tomado medidas en igual sentido a las que se ha sumado el Ayuntamiento de Jerez,  desatando una agria polémica, como siempre ocurre cuando se tocan estos temas relativos a las mujeres, en los que no suele primar la sensatez sino el derecho de cualquiera  a opinar desde las vísceras.

En la Fira de  Xàtiva, en 2015 y 2016,  se pudo ver con motivo de la muy masculina carrera de motos, un ramillete de jovencitas,  en la calle y en formación militar, uniformadas con pantaloncillo escaso y camiseta blanca,  en algunos casos de talla inexplicablemente inferior a la necesaria,  que posaban sonrientes con el motero ganador o sujetaban paragüas para que las motos no sufrieran con el calor.

Es de esperar  que esta tradición por lo menos, desaparezca este año. Como desapareció la de tirar patos del campanario o ir a lavar la ropa al lavadero.  Más que nada por comprobar que esta  ciudad no va de farol y no quiere perder en su apuesta por la igualdad.cosificacion

AUTOCRÍTICA A LAS FEMINISTAS

2014-09-10 06.07.17Antes de que se apaguen los fuegos, creo que hay que analizar la experiencia de este 8 de Marzo porque no ha sido como otros años, y no sólo por la considerable presencia en las manifestaciones. Ciertamente ha habido una respuesta social mucho más activa y comprometida que en anteriores ocasiones que ha rebasado las expectativas de las organizaciones convocantes, en una grata sorpresa de las que no suelen ser habituales. Por ello los titulares del día de después, coincidieron en hablar de éxito resaltando en algunos casos,  también la presencia de jóvenes como factor relevante que abre la esperanza a la continuidad de las reivindicaciones igualitarias.

Diferentes factores han colaborado a ello, como el desastroso balance de víctimas de la violencia machista de los dos primeros meses del año, o la convocatoria y difusión del llamado  “Paro Internacional de Mujeres”, secundado en tantos países, Este último, aunque ha sido causa de cierta confusión,  ha logrado remover la conciencia igualitaria de muchas personas que se han sentido interpeladas y dispuestas a la acción. Que han secundado el paro de media hora con verdadero interés en convertir la convocatoria en un éxito imposible de ignorar. Que la han hecho suya sin reservas, comprometiéndose desde lo personal, dispuestas a asistir a concentraciones  porque sentían verdadera necesidad de hacerlo, siéndoles absolutamente indiferente con quien compartir el momento o quien convocaba el acto. Y que han ligado esta acción a su presencia en las manifestaciones vespertinas. Se podía percibir una cierta “desesperación” social fruto de una saturación que ha alcanzado límites intolerables y que exigía a muchas personas implicarse personalmente en un día de reivindicación como el 8 de Marzo.

Todo ello,  ha generado un potentísimo sentimiento social, protagonizado por miles de mujeres que normalmente no hacen suyas estas cuestiones, y también por muchos hombres que se han sentido vinculados a la convocatoria como hasta ahora no había sucedido..

En este momento, haría falta  por parte del movimiento feminista en general  y, sobre todo,  de sus asociaciones, una autocrítica que nos afecta a todas. Reconociendo que hemos sido incapaces de gestionar esas voluntades y canalizar ese afán reivindicativo para plasmarlo en una jornada menos caótica y mejor estructurada de lo que ha resultado este 8 de Marzo, que además tuviera la continuidad necesaria.

Lo que se ha visto es la imperiosa necesidad de algo tan poco novedoso como necesario que es la organización, entendiendo ésta como una estructura útil  para la coordinación de carácter estable, competente para hacer confluir esfuerzos en actuaciones colectivas. Es urgente que  todas las que trabajamos por la igualdad de derechos, las que hacemos de los feminismos causa y estandarte, las que estamos dispersas en los partidos, sindicatos, asociaciones, instituciones , entidades e interminable etcétera, articulemos una organización capaz de canalizar esa energía tan  difícil de prender y consolidarla para que obtenga los resultados esperados. Una sola voz, una sola consigna  asumida por todas, sin protagonismos, ni manipulaciones que aporte al movimiento que compartimos, la potencia que se pierde en la dispersión

Es una asignatura pendiente el conseguir una mínima estructura que aúne el centro y las periferias, pasando por todas aquellas realidades donde existe una organización de mujeres, quizás minoritaria pero siempre activa, que desarrolla una intensísima  actividad en pro de la igualdad. Cierto es que existen entidades que ya agrupan a otras, pero ni de lejos existe plataforma o similar  que integre a todo el movimiento feminista, cada vez más amplio y numeroso pero siempre igual de fragmentado y disperso.

Hemos aprendido a crear referentes, a apoyarnos unas a otras para fortalecer lazos y consolidar el movimiento que nos une. Hemos aprendido a conocernos y reconocernos, a superar reticencias e ignorancias, a respetarnos aunque cada cual viva el feminismo desde su propia  prioridad.  Ahora quizás sería prioritario  aprender a trabajar colectivamente en la misma dirección sin que ello, suponga, para nada, perder identidad propia, ni condicionar proyectos, ni uniformar lo que ,por definición, es absolutamente diverso. Ahora habría que hacer algo tan simple como organizarnos, coordinarnos, de forma siempre horizontal, sin jerarquías ni autoritarismos, pero con la inteligencia suficiente como para lograr la confluencia de esfuerzos en la misma dirección. Así es como se urdió el Tren de la Libertad, o la Marcha del 7N, dos hitos históricos en este país que demostraron un potencial transformador que no acaba de obtener respuesta.

A veces da la sensación de que vivimos , cada una de nosotras, de nuestras asociaciones, plataformas, coordinadoras, etc.. en pequeños reinos de taifas, burbujas desde las que nos miramos con cariño, pero de reojo,  sin ambición ni decisión suficiente para tejer la gran red de feminismos que nos resulta indispensable a todas para dejar de ser un lamento y convertirnos en un grito de guerra.