EL DESAFÍO DE LOS BUENOS PROPÓSITOS

Propositos-Año-NuevoEstrenamos un año que es como un libro de hojas blancas en el que escribiremos la historia de nuestra existencia. A fuerza de la costumbre nos pasa desapercibido el privilegio de  iniciar un año donde todo está por decir y por hacer y que por eso mismo,  puede ser  el año de nuestras vidas, de nuestra revolución pendiente, de nuestra rendición definitiva o de nuestra victoria.

Es el momento de los propósitos que habría que intentar que no se convirtieran en brindis al sol, astro rey que ya debe estar aburrido de tanta reiteración farisea. Valdría la pena  ser más realistas   intentando mirarnos con la distancia necesaria para descubrir nuestro talón de Aquiles y nuestra mayor fortaleza. Con estos datos,  las conclusiones serán evidentes e innegociables,  a pesar de  nuestra proverbial blandura y autocomplacencia.

En cualquier caso, en un alarde de madurez casi imposible de lograr ante estas disyuntivas,  se podría intentar traducir los usuales deseos semiutópicos para el nuevo año,  en exigencias  reales que favorezcan su consecución, superando así la etapa inicial y fallida de su simple enunciación. Ese sería el desafío real.

Al parecer el primer deseo compartido por la gran mayoría es cuidar la salud, el estado físico. Esto incluye una amplia gama de propósitos, según edad, peso y condición: desde levantarse del sofá de vez en cuando hasta correr la maratón de Nueva York.  También incluye hacerse chequeos médicos aleatorios, comer sólo lo que sea de color verde y además sin sal, reducir el consumo de alcohol y otras drogas legales, practicar alguna técnica reductora de stress… Sin  embargo, quizás saldría más rentable y desde luego sería más funcional,  canalizar esta legítima aspiración hacia la exigencia a los poderes públicos de políticas de salud, sanitarias, medioambientales, de movilidad y otras muchas más, cuya  existencia y aplicación eficaz son el complemento indispensable al necesario esfuerzo individual. Así se impulsaría  el  imprescindible cambio de modelo capaz de consolidar nuevos hábitos, modificar conductas tóxicas  y  facilitar los conocimientos  necesarios para diferenciar las majaderías de las verdades científicas. Es más fácil cuidar la salud en ciudades sin contaminación, , sin listas de espera en la sanidad pública, llena de jardines y grandes árboles que dan sombra y oxígeno, con un tráfico subordinado a las personas, instalaciones públicas de ocio y deportivas suficientes y accesibles y programas municipales de salud…

Otro deseo habitual es aprender idiomas -sobre todo el omnipresente inglés- leer libros, ampliar conocimientos en temáticas   que nos resultan apasionantes y que han estado fuera de nuestro alcance. Nada que objetar a tan legítima pretensión, que sin duda,  nos hará crecer como personas y resolverá carencias que nos limitan. Que se ha de satisfacer, además, desde el ámbito privado en el caso de las  personas que abandonaron hace tiempo los espacios públicos  de aprendizaje y educación. Sin embargo, como muestra de solidaridad con las generaciones venideras, sería de agradecer que no se repitieran errores y se reivindicaran políticas educativas capaces de conseguir un alumnado  políglota, empeñadas en fomentar el hábito de la lectura de formas ingeniosas y creativas.

Nada tiene de malo actualizar propósitos para el nuevo año. Pero para hacerlos realidad, si se desconfía del poder de las hadas y  duendes, conviene incidir en los  factores que realmente ayudarán a conseguirlos, complementando nuestra fuerza de voluntad, raquítica a veces. Siempre desde la conciencia de formar parte de un todo que ha de facilitar nuestro sincero propósito de ponernos en forma y aprender inglés.

LA GRAN CARRERA

Se mueren al año 280 personas al año en Xàtiva según se alegó con motivo de los Presupuestos municipales aprobados para el 2019, ahora a punto de caducar, para justificar el gasto invertido en nichos y columbarios.difuntos 1

Deben ser los que corresponden a una ciudad de las características de Xàtiva, desde la normalidad de los estudios  demográficos que cuantifican nacimientos y defunciones, reduciéndolas a cifras estadísticas. Pero morirse no es solo un asunto de estadística aunque tampoco sea ciertamente un tema de tratamiento habitual, naturalizado como otros momentos de nuestra existencia. Quizás por la ingenua esperanza de no mentar la bicha para huir de ella, como si el tiempo inexorable no fuera a hacer las presentaciones.

En estas fechas, una celebración, que no tiene nada que ver con los ritos religiosos, mueve al personal a llenar los cementerios, a inundarlos de flores, en una completa liturgia para recordar con más o menos ecuanimidad a quienes ya no están. Porque la muerte no solo iguala a pobres y ricos, sino que causa un curioso efecto distorsionador que hace recordar a quienes tienen el privilegio de ser recordados, adornados casi siempre de virtudes y cualidades que mientras estuvieron vivos nadie celebró con tanto fervor.

Los que no están, en la mayoría de los casos, no se fueron por propia voluntad sino porque la muerte vino a por ellos, cuando creyó conveniente, sin razones aparentes, frenando en seco su carrera vital. Esa parece la metáfora más ajustada sobre nuestra vida, la que la describe como una carrera, o un paseo o una marcha militar -cada cual lo que le haya tocado-, de duración y condiciones desiguales pero con mismo destino final. Por lo cual parece algo idiota competir entre nosotros, dado que la llegada a meta será idéntica, por más zancadillas y codazos que se hayan dado. Y más todavía empeñarse en acumular bienes terrenales, que supondrán una carga añadida que nos llenará de preocupaciones evitables. Con todo, es evidente que se transita mejor con equipo de mejor calidad, y no es lo mismo hacerlo con botas de montaña que con alpargatas, pero superado un cierto nivel de bienestar, se trata de andar el camino mirando atentos a derecha e izquierda para no perdernos nada que valga la pena. Se hace mucho más fácil si aprendemos a superar las agujetas producidas a veces por el esfuerzo de vivir.  O a echarnos a la espalda aquellas cuestiones que sólo dañan y hacen surgir las ampollas en los pies. Porque hay quien se entretiene tanto a veces matando moscas a cañonazos, librando peleas estériles, acumulando agravios y rencores que cuando la meta ya está a la vista y mira atrás, solo hay una nube tóxica que es la única que realmente acompañó su existencia.

De la larga y poco original metáfora anterior no se deriva que haya que pasar la vida silbando alegremente, en una nube de falsa felicidad. Ni que sea recomendable prescindir de cualquier compromiso, sintiéndose ajeno a cualquier responsabilidad. Por el contrario, cuando ya llevas un buen rato de caminata, descubres que avanzar en modo participativo, sembrando y recogiendo, dejando el camino mejor de lo que lo encontraste a base de limpiar pedruscos y alisar el terreno, alivia tensiones y proporciona certezas relajantes.

Si les preguntaran a la mayoría de los que mañana serán visitados, seguro que su mayor deseo, sería seguir vivos en el recuerdo de quienes los estimaron. Para ello solo es preciso haber dejado una herencia que no se mide en cifras, sino que es una huella impresa en la memoria ajena, a fuerza de amor y de generosidad.

21 DE MARZO

Las personas con síndrome de Down son personas cuya única diferencia con el resto de la Humanidad, a veces tan poco humana, es la existencia de un cromosoma de más. Por ello, muchas se enfrentan a una lucha tenaz durante toda su vida contra quienes pretenden excluirlos, minusvalorarlos, incluso eliminarlos, negando su derecho a la vida, con discursos explícitos como alguno que se ha oído recientemente que sólo puede provocar asco y disgusto. Hoy es el día de las personas con Síndrome de Down.

21mY es que la discriminación, esa posibilidad de señalar con el dedo a quien es diferente, a quien se sale de la norma, es una tentación a la que se sucumbe con facilidad. Quizás porque implica sentirse más importante y poderoso que aquel a quien se discrimina, aunque para eso, da igual la causa utilizada. Es muy usual la excusa de la raza, la discriminación racial que no hace falta practicar con la misma crudeza que el Ku Klux Klan, sino simplemente con algunos comentarios y juicios, dichos en tono intrascendente, contra gitanos, rumanos u otros grupos étnicos, precedidos del obligatorio “yo no soy racista, pero….” . Como si el color o más bien tonalidad de la piel, pudiera ser el criterio para clasificar, juzgar y condenar a las personas. Hoy es el día contra la Discriminación Racial.

Cuando lo bien cierto es que para gustos, colores y de estos existe una gama infinita que constituye un claro ejemplo de diversificación inacabable en la que caben matices que a veces nos cuesta apreciar, siempre tendentes a ver las cosas en blanco o negro, en una simplificación automática que suele dejarse en el camino elementos muy relevantes. Los colores son uno de los fenómenos más influyentes en la vida de las personas y uno de los canales que contribuye en mayor proporción a nuestro conocimiento del mundo. Hoy es el Día internacional de los Colores.

Una buena combinación de colores es la que exhibe un hayedo en otoño o un robledal en primavera. Los bosques son un espectáculo que no sólo cura el alma por su belleza, sino porque son también el pulmón del planeta, imprescindibles para seguir respirando, sin morir asfixiados por culpa de esa capa de residuos tóxicos que nosotros mismos producimos, incluso aunque supongan nuestra propia destrucción. Hoy es el Día de los Bosques.

Y bella es por excelencia la poesía , esa habilidad humana que ninguna especie puede imitar , capaz de utilizar las palabras que pueden ser tan crueles e hirientes para describir emociones y sentimientos que parecen imposibles de expresar , pero al final quedan plasmadas un poema que las hará eternas. Hoy el Día internacional de la Poesía.

Nuestra existencia no es eterna, pero vivimos con demasiada frecuencia una vida que no es la nuestra, sometida a intereses ilegítimos y muy poderosos, que se empeñan en hacer de nosotros títeres, marionetas sin capacidad de decisión ni de elección. No es una estrategia frontal, que actúe de cara, sino una táctica sibilina y silenciosa por la que actuamos, reaccionamos y vivimos con normas y hábitos que en realidad no compartimos, con las que no estamos cómodos ni nos reconocemos demasiado, pero que se imponen como la única opción a nuestro alcance. Hoy es el Día de las Marionetas.

Hoy, 21 de marzo, es el Día de las Personas con Síndrome de Down, de los Bosques, de los Colores, de la Poesía y las Marionetas. También el día contra la Discriminación racial. Lo dice la Wikipedia que todo lo sabe y todas son causas que merecen su minuto de atención.

ENCIENDE LA RADIO

 Hoy, justamente hoy,  es el Día de la radio. Un medio de comunicación muy longevo, inventado nada menos que en 1896 aprovechando otros descubrimientos anteriores. La autoría se la disputan como suele pasar con las buenas ideas,  el italiano  Marconi y el americano Tesla. Sin embargo, no fue hasta 1922 cuando apareció  la primera radio portátil de la historia…,aunque de  portátil tenía poco porque  pesaba nada menos que  diez kilos.

Hoy en pleno siglo XXI, la radio es  una  superviviente ante fortísimos competidores que le   han ido apareciendo, pero frente a los cuales nunca ha agachado cabeza, sino que ha sabido mantenerse, reinventándose cada vez. Ni la televisión, ni Internet han conseguido acabar con su presencia social y el insustituible papel que juega la radio en el terreno de la comunicación social.

Claro que ahora, la radio ya no es  ese artilugio que presidia las tardes de mesa camilla y punto de cruz. Ya no es la radio de los folletines y  las consultas sentimentales.  No es la del discurso monolítico, en tono plano, más bien aburrida, sólo a veces ocurrente, casi siempre previsible.

La radio es cómoda, la escuchas en la cama o en el cuarto de baño. En el coche o en el tren. Los avances tecnológicos permiten que administres, guardes, retrases los programas que te interesan. De aquellas cajas cuadradas, de aquellas ruedas dentadas para buscar emisoras, de aquellos trastos  que tan malamente se oian a veces, hemos pasado a modelos minúsculos, a cascos mayúsculas, a radios por Internet. A una oferta que ofrece casi todo lo que se puede ofrecer; música, deporte cocina, política, arte, cultura.

La radio es hoy un espacio imaginativo, enormemente creativo que se supera a sí misma cuando es capaz de no solo de hacer un relato de lo que está sucediendo, sino de construir con las palabras una realidad que no por ser imaginada deja de ser real.

Hay que reconocerle el enorme mérito de haber sabido tejer lazos con los oyentes que de ser receptores pasivos, casi sin voz  y desde luego sin voto, han pasado a ser activos protagonistas de las programaciones.RADIO1

La radio es hoy inmediatez, cercanía, dinamismo, energía. También es opinión porque ya nadie cree en la neutralidad de los medios de comunicación, pero excepto deshonrosas excepciones, es sincera en sus aciertos y equivocaciones.

Y sobre todo es información urgente, inmediata, a pie del suceso, presente en el evento, contando la realidad sin filtros ni opacidad.

No se puede tampoco olvidar su capacidad formativa porque traslada conocimientos, regala sabiduría a quien la necesite o interese. También es entretenimiento, claro, pero sobre todo es compañía, buen rollo, mano tendida que no por ser virtual deja de ser bien acogida y muchas veces necesitada.

En la radio suenan voces que acaban siendo como de la familia, que hablan sobre cosas que nos preocupan, que nos agobian, A veces nos explican asuntos que es  difícil entender pero también explicar. A veces nos hace reir, sonreir si es el caso, lo cual es una gran victoria en una sociedad a veces entre tanta animosidad y mal rollo.

La radio  une a quienes la oyen, aunque estén  ubicados en muy diferentes espacios, realizando muy diversas tareas. Pero ante un primicia que suena en  la radio, ante un personaje cuya voz es respetada , ahí está la gente, unida por el mismo interés.

Hoy es el Día de la Radio, y ciertamente si no existiera habría que inventarla porque es uno de los inventos que más ha hecho por la Humanidad, conectando a las personas y facilitando la comunicación y el entendimiento. Que tenga larga vida, que no se rinda nunca y que siga siendo elemento facilitador del progreso y la convivencia.

 

PAPÁ, NO VENGAS EN TREN

Papa, ven en tren. Eso es lo que decía una antigüa campaña publicitaria, recomendando a los padres viajeros usar el tren para evitar los peligros de la carretera. Evidentemente, las mamis no viajaban entonces, que bastante faena tenían en casa, con la pata quebrada y los churumbeles.

TRENA día de hoy, el consejo no tendría mucha validez, sobre todo si se quiere preservar la salud, no solo física sino también psíquica, del mencionado progenitor ya que, tal y como funcionan estas últimas semanas los trenes, su uso representa una seria amenaza para la paz espiritual.

Mucha gente coge el tren todos los días para ir al trabajo, a estudiar o donde sea necesario. Para ello ha de utilizar un servicio que se dice público, aunque parece más útil a los fabricantes de coches, por lo que incentiva su uso

Y es que coger un tren es, a veces, una aventura a lo Indiana Jones porque nunca sabes, sentado en el asiento que religiosamente has pagado, si una voz fría y aséptica te informará de repente de la anulación precisamente de ese tren. Habrás de poner tus esperanzas en el próximo sin que a nadie le importe que tus citas médicas se vayan a la porra, que llegues tarde al trabajo o que pierdas la entrevista que tenías concertada…

En esos días de caos en los que parece que la RENFE no haya perdido un tornillo sino la caja de herramientas entera, es fácil que instalado ya en el tren, éste cambie súbitamente su destino, y ya no vaya a dónde tú creías,  sino a otro lugar, sin duda con algún atractivo turístico, pero que sin embargo, no es momento de visitar. O que sufra una avería mortal sin que haya McGyver cerca para arreglarlo.

Más de una vez, se producen situaciones que podrían ser jocosas sobre todo si uno no las protagoniza. Porque, innegablemente, hay una inmensa carga de comicidad en esa masa de aspirantes a pasajeros que vagan por los andenes buscando desesperados el tren que ha de llevarlos, sin que los altavoces lancen ni una maldita información, ni haya persona humana al alcance para disipar dudas, bastante urgentes y razonables.

Se les ve deambular por los andenes, al modo “walking dead”, buscando pistas que indiquen cual será el convoy que partirá temiendo, como alguna vez se ha visto, que a velocidad de vértigo se lancen los pitidos reglamentarios y se cierren las puertas, marchándose con algunos afortunados dentro, mientras que el resto, con menos olfato para oler el tren saliente, se desespera en el andén. Y eso a las 8 de la mañana, no tiene ninguna gracia.

Vendieron hace poco el wifi gratis en las estaciones como una gran mejora, señal inequívoca de la modernización de la empresa. Seguramente la mayoría de usuarios prescindiría gustosamente de ese wifi, malo y limitado, a cambio de contar con personal humano y accesible en las taquillas a todas horas. Porque es duro tener que hablar con tornos que no se abren o máquinas expendedoras de billetes, que ni saben ni contestan.

Dicen las estadísticas que la Comunidad Valenciana es una de las más impuntuales porque la mayoría de los trenes supera los tres minutos de retraso sobre la hora prevista. El caos circulatorio general de las últimas semanas es mucho más estresante que tres o incluso treinta minutos de retraso soportados con resignación aprendida.

Papa, ven en tren, decían. Pero habría que añadir, y tómatelo con calma, ten los nervios templados y, sobre todo, no tengas prisa. Nosotros, tu feliz familia, te esperaremos con paciencia, por tarde y cabreado que llegues.

EL VIVO AL HOYO Y ….

Mañana es el Día de los Difuntos y somos un país aficionado a procesionar a los cementerios, a llenarlos de flores, a comer en familia  para recordar a los ausentes haciendo un esfuerzo por revivirlos en nuestra memoria , porque según el tiempo pasado desde su marcha, su recuerdo se va desdibujando haciéndonos sentir más solos y un poco traidores.snoopy

Quizás sería bueno quitarle un poco de dramatismo al día y hacer un esfuerzo para convertirlo en una jornada  que no solo evoque tragedias y pérdidas sino que también provea de consuelo y  respiro  a quienes sufrieron una pérdida y han de vivir con ella, luchando por recuperar la alegría y el coraje de vivir.

Porque dice el refranero, que suele ser bastante bruto eso de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”, que es una gran verdad, expuesta con bastante poca diplomacia y cuidado de los sentimientos ajenos. Pero es una verdad tan grande como esas pirámides gigantescas que los egipcios construyeron para guardar momias olvidadas.

Si nacemos para morir, como tantos filósofos, grandes o de ir por casa,   han defendido a lo largo de la  historia de la Humanidad, ya sería hora de que nos fuéramos acostumbrando, naturalizando la idea y  asumiéndola con todas sus repercusiones para hacerla jugar en nuestro favor y no en nuestra contra. Si hay que morirse, vivamos sin miedo porque el final está cantado. Si hay que morirse, aprovechemos la vida sin racanería , relativicemos nuestros disgustos cotidianos y apostemos por la felicidad permanente. Solo hay una vida, una oportunidad y lo único que sabemos cierto es que es finita, porque lo de las prórrogas sobrenaturales, la luz al final del túnel y otras fantasías está por demostrar, aunque todo el mundo es libre de buscarse la vida y explicarse la muerte como mejor le parezca.

Tras esta declaración de principios, propia de un curso básico de autoayuda,  es evidente que habría que diferenciar entre la muerte ajena y la propia, porque no la procesamos, ni sentimos de la misma manera.

Nuestra propia muerte es un mal menor, mira por donde,  porque una vez muertos ya se nos pasó el momento de sufrir, quejarse, o protestar.  Aunque es bien cierto que  un deseo compartido por la mayoría del personal es el de tener garantizada una muerte digna, amable, elegante, sin dolor ni pérdida de dignidad. Es esa una íntima aspiración  de la mayoría de las personas a pesar de que algunos de nuestros representante políticos más impresentables mantengan  que ese es un tema que a nadie preocupa por lo que no son necesarias leyes que regulen un momento sobre el que todos querríamos poder decidir en la medida de lo posible sin someterse a decisiones ajenas que a veces no nos lo ponen nada fácil.

Que levanten la mano quienes nunca hayan imaginado su propio fallecimiento y hayan deseado poder decidir sino el cuándo, que por mucha vida sana y hábitos saludables no depende de nosotros,  por lo menos el cómo. No a todo al mundo le gusta programar la música de su entierro y el color de las flores pero sí que sería preferencia generalizada tener la seguridad de que el transito será  rápido e indoloro. Algo que una ley adecuada nos podría garantizar.

Es mucho más insoportable la muerte ajena, la de los seres queridos que estimamos porque la muerte nos obliga a prescindir de su compañía, a no disfrutar de su contacto, de la convivencia con ellos. La muerte es siempre un punto y  final para las relaciones basadas en el amor, en la necesidad y a nadie le gusta decir adiós. Por eso luchamos como jabatos para mantener el recuerdo, por recordar olores, voces y gestos que nos reviven a quien se fue, en una pelea eterna que dura hasta que nosotras mismas nos vamos a descansar. Dicen que el tiempo todo lo cura, pero las ausencias nunca dejan de doler. Simplemente nos acostumbramos a ellas, como a una muela que nos da avisos de vez en cuando de su dolorosa existencia.

Mañana se llenaran los cementerios. Se repetirán conversaciones nostálgicas de tiempos que nunca se repetirán con personas que ya no están aquí. Quienes sí que estamos, todavía, hemos de mirar la vida que tenemos y hacernos dueños de ella, para que cuando bajemos definitivamente la persiana, tengamos la mochila llena de alegrías y una multitud de personas que nos echen de menos. Eso es lo único que nos llevaremos y en realidad lo único que nos hace falta.

 

 

 

ANDARINAS

andarinas2Así son las mujeres de muchas ciudades a las que es fácil ver pasear o  correr, en estas fechas cuando el sol lo permite,  y el resto del año, a cualquier hora en que les sea posible en razón a  las múltiples obligaciones que suelen tener.

Hay de todas las edades y tamaños,  equipadas algunas con minucioso detalle, desde el color de las uñas  hasta la visera más fashion, cruzándose felices con las que calzan deportivas de los chinos y gorra que hace publicidad del taller de coches del cuñado.  Las ves a paso ligero o de procesión, solas o en grupo… Decenas de mujeres toman las calles, en una práctica a mitad de camino entre lo deportivo y lo simplemente saludable, empeñadas en cuidarse un poco a sí mismas,  decididas a poner de su parte para que el cuerpo aguante lo que tenga que aguantar, que faena no falta a las mujeres,  por muchos años que cumplan.

Caminar  es una elección como disciplina deportiva que se adapta muy bien a los usos y costumbres de las mujeres. No es un deporte de alto riesgo, que de esos, y sobre todo,  a cierta edad,  ya no quedan  ganas de nuevas experiencias. Tampoco  es una actividad competitiva donde haya que superar a las rivales convirtiendo en fuente de estrés lo que sólo busca un momento de bienestar. Tampoco es una actividad solitaria, sino que por el contrario permite la socialización plena, la charla distendida y la terapia que para muchas mujeres significa la posibilidad de darle a la lengua en ambiente amigo y comprensivo.

Aunque también las hay que prefieren salir solas,  colocarse los cascos y aislarse de un entorno a veces  complejo y estresante, para dejarse  invadir por la música preferida que suena a toda castaña  impidiendo totalmente el recuerdo de los problemas, ajenos y propios, de las incertidumbres y  preocupaciones inacabables. Entonces,  andar  se convierte en una forma de salvaguardar la salud mental, presentando  resistencia ante la posibilidad siempre presente de acabar petando ante tanto requerimiento externo y  tanta autoexigencia interna.

Algunas, las más valientes,  no sólo caminan  sino que incluso corren. Hay que tener en cuenta que hacerlo, sobre todo en ciertas fases de la vida, depende de factores externos (exceso de peso, existencia de prótesis, capacidad pulmonar, estado de articulaciones) pero también de la capacidad de aceptar retos personales, que a veces se ganan y alimentan la autoestima y a veces ser pierden, obligando a pasar página con humildad. A los 30/40 años es factible mantener un trotecillo elegante,  porque el cuerpo todavía aguanta casi lo que le eches, y aunque una se despeine y sude, no se producen daños graves o irremediables. Sin embargo, superada cierta edad, si se fuerza la maquinaria,  el cuerpo empieza a hacer ruidos extraños mandando señales inequívocas de que no está para trotes, en el sentido literal de la expresión.

Con todo, caminar/correr es un placer irrenunciable que no debería ser excluido del catálogo de recursos que hacen sentirse mejor a las mujeres. Cierto que hace falta superar  la fase de de agujetas y calambres. Y la de  los miedos,  que los hay de todos los tipos (a hacerse daño, a hacer el ridículo…) También la fase de la culpabilidad que surge de la nefasta y habitual idea de que deberíamos dedicarnos a cosas más serias y útiles. Pero una vez rebasadas esas dificultades adicionales, llega el momento del placer puro y duro que surge de la autosuperación, y la victoria frente a límites ante los que nos sometemos sin resistencia.   Sólo por eso, ya es un necesario entrenamiento.